Un desfile venido a menos: un Día de la Victoria de Rusia cuestionado
El 28 de abril, el Ministerio de Defensa ruso anunció que el próximo desfile del Día de la Victoria en Moscú tendría un formato «reducido». Según el comunicado, «debido a la situación operativa actual», en el desfile no participaría ningún equipamiento militar pesado. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, justificó esta decisión por la necesidad de «minimizar riesgos frente a la amenaza terrorista de Kiev». Otras ciudades rusas, entre ellas San Petersburgo, Stávropol y Kaliningrado, confirmaron que sus desfiles regionales tampoco contarían con material militar pesado.
Por tanto, y por primera vez en casi dos décadas (desde 2008), ni los tanques ni ningún otro material militar pesado desfilarán por la Plaza Roja durante el desfile del Día de la Victoria. La creciente frecuencia de los ataques ucranianos dentro del territorio ruso ha obligado al Kremlin a rebajar lo que habitualmente es un ritual ideológico clave: un acontecimiento diseñado para hacer gala del «poderío sin parangón» de las Fuerzas Armadas rusas.
«La operación militar especial avanza según lo previsto»: un desfile del Día de la Victoria venido a menos
La ausencia de equipamiento militar pesado en el desfile del Día de la Victoria de 2026 puede tener importantes implicaciones políticas para Putin, dado que este acto ha sido parte fundamental de la ideología estatal durante las últimas dos décadas y servía para reafirmar numerosos discursos propagandísticos. Al igual que el Día de la Victoria en sí, el desfile no solo pretende ser un escaparate del poderío militar ruso, sino que también forma parte de un sistema más amplio de manipulación informativa en cuyo marco promueve discursos de continuidad histórica y resiliencia nacional. En este ecosistema de desinformación, a Ucrania y a los países occidentales se les suele tildar de «nazis» con la intención de justificar los gestos agresivos de Rusia.
Sin embargo, en lugar de servir como una demostración del poder ruso, el desfile de 2026 parece reflejar crecientes restricciones: las fuerzas rusas se encuentran en un punto muerto en Ucrania, infraestructuras esenciales e instalaciones industriales han sido blanco de ataques ucranianos, y Moscú tiene dificultades para garantizar la defensa aérea incluso en zonas céntricas de la capital.
El 29 de abril, los informes indicaban que Putin mantuvo una conversación telefónica con Donald Trump en la que se discutió un alto el fuego temporal en torno al 9 de mayo. La situación pone de relieve la difícil posición en la que se encuentra el Kremlin: antes de 2022, habría sido impensable que Moscú buscara la participación de EE. UU. para garantizar la seguridad de un acto nacional tan cargado de simbolismo. Los comunicados FIMI (manipulación de la información e injerencia por parte de agentes extranjeros) rusos insisten en que la «operación militar especial» (es decir, la guerra de Ucrania) «avanza según lo previsto». De ser así, este plan parece muy inusual: en el quinto año de una guerra supuestamente «triunfal» contra Ucrania, el Kremlin es incapaz de organizar un gran desfile militar en Moscú. Mientras tanto, según fuentes del Financial Times, Putin pasa cada vez más tiempo en instalaciones seguras debido a la preocupación suscitada por los ataques con drones ucranianos y el temor a posibles intentos de golpe de Estado o de asesinato.
El espectáculo militar del Kremlin en la Plaza Roja
Durante las últimas dos décadas, los desfiles del Día de la Victoria en la Plaza Roja se han convertido en uno de los símbolos más evidentes de la ideología cada vez más militarista de Moscú y de sus ambiciones geopolíticas. Tras el llamado «Discurso de Múnich» de febrero de 2007, Putin decidió revivir la tradición soviética de los desfiles militares masivos en la Plaza Roja, con miles de soldados, cientos de vehículos blindados e incluso sistemas estratégicos, como misiles con capacidad nuclear. El Kremlin ha utilizado estos desfiles para exhibir la superioridad de Rusia en varios niveles a la vez: poderío militar, influencia internacional y mensajes políticos internos.
En cuanto a la exhibición militar, 2008 marcó el regreso no solo de los tanques y los vehículos blindados, sino también de los aviones militares sobre Moscú. Estos vuelos rasantes, vistos por última vez en 1957, se hicieron eco de la tradición de la era de Stalin para transmitir una sensación de continuidad histórica y grandeza renovada. Cada desfile reforzaba una imagen de poderío nuclear donde los sistemas de misiles y los bombarderos estratégicos ocupaban un lugar destacado y las nuevas armas se describían como Wunderwaffen para sustentar sus discursos de superioridad tecnológica y disuasión externa. Desde el punto de vista de la desinformación, estos elementos eran herramientas de propaganda destinadas a proyectar una imagen de poder, tanto en el ámbito nacional como en el extranjero.
Aparte de la simple exhibición militar, los desfiles también han sido un medio de influencia geopolítica. Antes de 2022, a ellos solían acudir dirigentes extranjeros cuya presencia confirmaba la importancia mundial y el alcance diplomático de Rusia.
Por último, estos grandes desfiles se han convertido en un componente esencial de los mensajes ideológicos internos. Desde 2008, el Kremlin fomenta abiertamente lo que se ha dado en llamar pobedobesie, o «locura de la victoria», un neologismo que describe la celebración obsesiva y exagerada de la victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial. El Día de la Victoria se convirtió en elemento fundamental de la identidad rusa moderna. Lo más importante es que el objetivo de esta festividad pasó de reflejar el mensaje «Nunca más» de la era soviética a la proclama «Podemos repetirlo», lo que refleja la transformación de la memoria histórica en un instrumento ideológico. El peso ideológico del Día de la Victoria se aborda extensamente en otro de nuestros artículos.
El impacto de la guerra en los desfiles de la Plaza Roja
El fracaso de la Blitzkrieg que experimenta en su guerra contra Ucrania han afectado cada vez más a la organización de los desfiles posteriores del Día de la Victoria. El 9 de mayo de 2022, ningún dirigente internacional destacado asistió a las celebraciones en Moscú, mientras que el desfile de 2023 fue el más reducido desde 2008. El desfile de 2024 representó un nuevo mínimo en cuanto al número de vehículos pesados y aviones militares exhibidos. En 2025, con motivo del 80.º aniversario de la victoria en la Segunda Guerra Mundial, el Kremlin hizo un gran esfuerzo por renovar su imagen de poder y relevancia internacional organizando un desfile considerablemente más ostentoso al que asistieron más de 30 dirigentes extranjeros. En 2026, la lista de jefes de delegaciones extranjeras que asistieron al desfile del 9 de mayo se ha reducido a solo unos pocos nombres. La anunciada ausencia de tanques en la Plaza Roja también empequeñece uno de los elementos simbólicos fundamentales de este espectáculo propagandístico de larga tradición.