El cierre de Starlink pone de manifiesto la dependencia militar de Rusia

Soldado con control remoto de dron en ciudad en ruinas y dron volando (Descripción generada por IA)
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La dependencia rusa de la tecnología estadounidense resquebraja la imagen de invencibilidad del Kremlin y ralentiza su avance en el frente.

Las proclamas sobre la invencibilidad de Rusia se convirtieron en un elemento fundamental de la invasión a gran escala de Ucrania, como analizamos en nuestro reciente artículo. La fe en la grandeza y la autosuficiencia del ejército ruso se ha convertido en un mantra de la propaganda del Kremlin. Sin embargo, la guerra contra Ucrania ha demostrado al mundo que este discurso, al igual que el mito de la superioridad técnica de Rusia con respecto al armamento y la tecnología occidentales, está muy lejos de la realidad. La reciente desconexión de las tropas rusas del sistema de comunicaciones por satélite Starlink lo confirma sin lugar a dudas. Las tropas rusas se han visto incapaces de coordinarse, lo que ha ralentizado su avance y ha dejado margen para que Ucrania contraataque.

Ciegos y sordos

A principios de febrero de 2026, las tropas rusas en los territorios ucranianos ocupados sufrieron un revés inesperado. De la noche a la mañana, el sistema de comunicaciones por satélite Starlink se colapsó en toda la línea del frente. Mientras tanto, las estaciones de comunicaciones oficiales operadas por las fuerzas armadas ucranianas continuaron funcionando sin interrupciones.

Esto supuso un duro golpe para los rusos, cuyas fuerzas invasoras quedaron aisladas de los puestos de mando. La caída de las terminales Starlink del ejército ruso causó graves problemas de coordinación entre las unidades, los medios logísticos y el uso de drones de diversos tipos, tanto terrestres como aéreos. Según el Instituto para el Estudio de la Guerra, el bloqueo de las terminales Starlink no registradas complicó significativamente las operaciones militares rusas y redujo su capacidad para llevar a cabo ataques tácticos, lo que condujo al avance más lento de los últimos dos años.

Una oportunidad para Ucrania

Poniendo al mal tiempo buena cara, la maquinaria propagandística rusa recurrió a su táctica habitual de negar la realidad. Los portavoces del Kremlin aseguraron que el mando y control de las tropas se mantenía estable gracias a una red de comunicaciones compleja y diversificada. Los líderes militares rusos insistieron en que no hubo pérdidas y que el ejército no dependía de las terminales de comunicaciones occidentales. Según el Estado Mayor, algunas unidades rusas habrían utilizado, supuestamente, las terminales Starlink con el único fin de engañar a las fuerzas ucranianas.

La realidad demostró ser la contraria: «Lo único que podemos usar en este momento son radios, cables y palomas mensajeras», dijo un soldado ruso en una transmisión interceptada citada en un reportaje de Politico. Privadas de comunicaciones fiables, las tropas rusas perdieron la capacidad de controlar eficazmente sus drones y mantener sus posiciones defensivas. Según el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Oleksander Syrskyi, Ucrania aprovechó la oportunidad. En cuestión de semanas, el ejército ucraniano liberó ocho asentamientos y más de 400 kilómetros cuadrados de territorio en respuesta al colapso del mando y las comunicaciones rusas.

En febrero de 2026, por primera vez desde la ofensiva de Kursk, las Fuerzas Armadas de Ucrania recuperaron más territorio del que Rusia había logrado capturar. La ofensiva ucraniana continúa, al igual que los problemas de comunicación del ejército ruso.

¿Un Starlink ruso?

En la actualidad, los corresponsales y analistas militares rusos difunden con insistencia un discurso ya familiar en el que instan a las unidades que luchan en el campo de batalla a que sean pacientes mientras se restablece la supuesta invulnerabilidad del ejército ruso. Las autoridades también han afirmado que Rusia se está preparando para desarrollar la constelación de satélites Rassvet, anunciada como un análogo de Starlink y descrita como superior a los sistemas actuales. Según declaraciones oficiales, se espera que los primeros satélites se lancen a la órbita terrestre baja ya en el primer trimestre de 2026. Los expertos del Kremlin afirman, además, que el objetivo inicial será desplegar al menos 300 satélites, y que la constelación se ampliará en última instancia hasta sumar 950 satélites.

Ya en enero de 2026, los medios de comunicación rusos informaron discretamente de que el lanzamiento de los primeros 16 satélites experimentales de órbita baja se había pospuesto indefinidamente. En un principio, estaba previsto que los satélites se desplegaran en 2025, y los planes oficiales preveían que en 2026 habría 156 satélites en órbita. Sin embargo, los retrasos y los déficits de producción siguen aplazando las fechas establecidas.

Mientras tanto, Moscú lleva prometiendo desde 2023 la rápida construcción de su propia constelación de banda ancha, lo cual incluiría frecuentes lanzamientos de cohetes con docenas de satélites. En realidad, el progreso se ha estancado: solo unos pocos satélites experimentales se encuentran actualmente en órbita, y los expertos se muestran escépticos sobre la posibilidad de que Rusia sea capaz de desplegar una red operativa en un futuro próximo. El «Starlink ruso» empieza a parecer no tanto un avance inminente como otra promesa tecnológica que se desploma en silencio.

La caída del mito de la superioridad tecnológica

Aunque la maquinaria propagandística del Kremlin sigue pintando un panorama idílico para los especialistas en comunicaciones rusos, Rusia carece actualmente de un sistema que pueda sustituir por completo a Starlink, y no se espera que disponga de ninguno a corto plazo. Por este motivo, las tropas rusas se han visto obligadas a depender de las comunicaciones terrestres, en algunos casos llegando a tender cables, literalmente, bajo el fuego de las fuerzas ucranianas.

Por mucho que la maquinaria de desinformación rusa promocione sus últimas armas y avances tecnológicos, la realidad sigue siendo la misma: su ejército, aclamado por algunos como el segundo más poderoso del mundo, dependía en gran medida de la tecnología civil estadounidense para librar su guerra.

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