Destruir la red eléctrica y dominar el discurso: la doble agresión de Rusia a Ucrania
Ucrania ha dejado atrás el invierno más duro de la guerra con su infraestructura energética devastada por los implacables ataques rusos, cuyo fin era llevar a la población civil a rendirse ante el frío. Al mismo tiempo, una campaña de FIMI constante trató de convertir los apagones en prueba de la debilidad de Ucrania, la división interna y el cansancio de Europa, afirmaciones que han quedado claramente desmentidas por el apoyo constante de la opinión pública y los gobiernos de todo el continente.
Ucrania acaba de soportar el invierno más duro desde el inicio de la guerra a gran escala. Los ataques rusos contra las infraestructuras de suministro de calefacción y electricidad no son nuevos: también han marcado inviernos anteriores. Esta vez, sin embargo, los ataques contra la red eléctrica fueron repetidos y metódicos, lanzados deliberadamente para coincidir con una ola de frío extremo, tal y como analizamos en nuestro artículo anterior. Desde principios de año, Ucrania ha sufrido más de 200 ataques, mientras que, a lo largo de enero de 2026 y hasta febrero, las temperaturas fueron a menudo inferiores a los −10 °C durante el día y muchas noches cayeron por debajo de los −20 °C. La población se quedó no solo sin electricidad, sino también sin agua corriente, ya que las tuberías se congelaron y reventaron debido a las prolongadas temperaturas bajo cero.
Ya se ha restablecido parte del suministro eléctrico, pero los ataques rusos han dejado gran parte de la infraestructura en ruinas. En algunas regiones, los residentes se quedan sin electricidad hasta 12 horas al día. La situación es especialmente grave en el sur, que solía depender en gran medida de la central nuclear de Zaporiyia, bajo control ruso desde 2022. En enero, el presidente Zelenski anunció que la red afectada solo podía satisfacer alrededor del 60 % de la demanda habitual. Según el ministro de Energía, Denís Shmihal, Ucrania solo ha recuperado desde entonces un tercio de su capacidad de generación de electricidad. Según las estimaciones anunciadas por el presidente Volodímir Zelenski, la construcción de nuevas centrales eléctricas costará más de 5000 millones de euros.
Señalar los apagones como una prueba del colapso de Ucrania
El ejército ruso proclamó que las centrales eléctricas eran objetivos militares legítimos porque, presuntamente, suministraban electricidad a las fábricas de armas. Pero, en realidad, el peso de los ataques recayó sobre la población civil. Los medios afines al Kremlin declararon abiertamente que el objetivo final era obligar a Ucrania a capitular (o, como les gusta decir, «coaccionarla para que acepte la paz»). En los discursos de manipulación de la información e injerencia por parte de agentes extranjeros (FIMI, por sus siglas en inglés) se aseguraba que los ucranianos estaban dispuestos a ceder territorios para detener los ataques y protestaban contra el Gobierno que, supuestamente, los utilizaba como rehenes. Estos ataques se describieron como una represalia por las incursiones de Ucrania en territorio ruso, que las fuentes rusas calificaron de «atentados terroristas».
Según otro argumento difundido con frecuencia por los medios de FIMI pro-Kremlin, Europa y los europeos se han cansado de apoyar a Ucrania. Encuestas recientes muestran que, aunque los países más cercanos al conflicto están empezando a experimentar fatiga de guerra, el apoyo general a Ucrania sigue siendo alto y que los ataques invernales lo han intensificado, como lo demuestran las numerosas campañas populares de recaudación de fondos que han tenido lugar en toda Europa en respuesta a los ataques contra la infraestructura ucraniana.
La respuesta europea: generadores, fondos y solidaridad inquebrantable
Los gobiernos europeos han dado un paso al frente para satisfacer las necesidades energéticas de Ucrania. La Comisión Europea distribuyó 447 generadores de emergencia por valor de 3,7 millones de euros procedentes de reservas estratégicas a hospitales, refugios y servicios esenciales ucranianos, y donó 50 millones de euros a la empresa energética estatal de Ucrania, Naftogaz. En total, la UE ha donado 3000 millones de euros en ayuda energética a Ucrania desde 2022 y ha prometido más de 1000 millones de euros para ayudar a reconstruir las redes energéticas de Ucrania. El Fondo de Apoyo Energético a Ucrania, creado por la Secretaría de la Comunidad de la Energía de la UE para canalizar fondos hacia la restauración de la infraestructura energética de Ucrania, ha movilizado más de 1500 millones de euros de donantes de todo el mundo.
En toda Europa, campañas populares han movilizado millones de euros para suministrar a Ucrania generadores y equipos de calefacción con el fin de ayudar a la población civil a soportar los ataques de Rusia contra infraestructuras energéticas críticas. En la República Checa, la iniciativa Gift for Putin llevó a cabo la campaña SOS Kyiv, con la que recaudó más de 7,5 millones de euros. El grupo francés Comité de Ayuda Médica a Ucrania ha distribuido más de 1400 generadores y centrales eléctricas portátiles por valor de 2,3 millones de euros en toda Ucrania. En Suecia, la campaña Ge Ukraina Värme (Demos calor a Ucrania) entregó aproximadamente 1,425 millones de euros a escuelas, hospitales y refugiados. En Eslovaquia, Teplo pre Ukrajinu (Calor para Ucrania) recaudó más de 1,43 millones de euros, y en Polonia, Warmth from Poland for Kyiv (Calor de Polonia para Kiev) recaudó más de 2,4 millones de euros.
Aumentan los riesgos híbridos para la infraestructura energética de Europa
La guerra rusa contra Ucrania se ha convertido en un campo de pruebas de nuevas tácticas militares, y los ataques a la red energética podrían suponer una amenaza para todo el continente. Rusia está explotando activamente la cuestión de la seguridad energética en su campaña de desinformación antieuropea asegurando que el continente no podrá sobrevivir sin el gas ruso y que sus industrias sufrirán graves pérdidas al tener que utilizar fuentes de energía más costosas.
Entre tanto, Rusia ya está llevando a cabo ataques híbridos dirigidos a las infraestructuras energéticas de la UE. El día en que invadió Ucrania, un grupo de hackers vinculado a Moscú desactivó los sistemas de monitorización de miles de aerogeneradores en toda Alemania y, hace poco, en diciembre, Polonia informó de ataques contra su sector energético.
Al ayudar a Ucrania a reconstruir su infraestructura energética, la UE también refuerza su propia resiliencia frente a ataques y otras amenazas para los sistemas críticos de su territorio. La experiencia de Ucrania a la hora de mantener en funcionamiento sus redes eléctricas en condiciones extremas ofrece valiosas lecciones para Europa sobre el modo de gestionar futuras crisis. Al mismo tiempo, es igual de importante responder con firmeza a la avalancha de desinformación rusa. Numerosas iniciativas ciudadanas, sumadas al apoyo gubernamental, demuestran que los europeos siguen comprometidos con la defensa de Ucrania.