¿Fue Francia la culpable? El manual de manipulación del Kremlin de nuevo en acción
La semana pasada circuló una narrativa en apariencia novedosa, pero en esencia muy conocida, que estaba destinada a desacreditar las elecciones democráticas en Rumanía y a alimentar la desconfianza en las instituciones europeas. Según esta narrativa, los servicios de inteligencia franceses, bajo la atenta mirada de lo que el Kremlin denomina «mafia europea», habrían «amañado» de algún modo las elecciones rumanas con el objetivo de frenar al candidato presidencial de extrema derecha, George Simion.
La historia, amplificada por plataformas marginales y pro-Kremlin, sostiene sin ningún fundamento que el fundador de Telegram, Pável Dúrov, habría destapado un supuesto complot de los servicios secretos franceses para censurar a la oposición rumana y así entregar a las élites el triunfo en unas elecciones manipuladas. Pero la narrativa no se detiene ahí: recurre también a la idea de que «el pueblo nunca decide nada», una afirmación diseñada para amplificar el cinismo, exacerbar las divisiones étnicas y aumentar la desconfianza hacia las instituciones.
Una publicación de Telegram que desata rumores, no pruebas
Lo que realmente ocurrió fue lo siguiente: Dúrov publicó un mensaje en el que afirmaba que agentes de los servicios de inteligencia franceses se habían puesto en contacto con él para pedirle que «prohibiera las voces conservadoras en Rumanía» en Telegram, solicitud que, según dijo, rechazó. Sin embargo, no presentó ninguna prueba que respaldara tal afirmación, ni sostuvo que dicha petición tuviera que ver con un «amaño» de las elecciones rumanas. El gobierno francés respondió rápida y categóricamente. La Dirección General de Seguridad Exterior (DGSE), la agencia de inteligencia exterior de Francia, negó rotundamente las acusaciones y aseguró que no había hecho solicitud alguna en relación con ningún proceso electoral. Asimismo, aprovechó para aclarar que siempre que se había puesto en contacto con Telegram fue exclusivamente al respecto de contenidos relacionados con el terrorismo y la protección de menores.
Toda esta historia está sacada directamente del manual de desinformación del Kremlin. En ella se emplean estrategias bien conocidas para avivar todavía más las tensiones: medias verdades provocadoras, alusión a personalidades reconocidas, mezcla de datos reales con elementos inventados y mensajes xenófobos encubiertos. ¿Cuál es su verdadero propósito? Erosionar la confianza de la opinión pública en las elecciones democráticas, deslegitimar las instituciones de la UE y profundizar las divisiones políticas entre los Estados miembros.
Tergiversar la verdad, poner la confianza en el punto de mira
La narrativa sobre la supuesta «victoria robada» de Simion se inscribe claramente en una estrategia más amplia. En ocasiones anteriores, fuentes afines al Kremlin ya habían afirmado que la UE había orquestado la anulación de las elecciones presidenciales rumanas de 2024 y, además, calificaron la imputación del candidato presidencial Călin Georgescu de acto de represión política promovido por Occidente. Ahora, han añadido a Francia y Dúrov a este relato, en un intento de revestir una trillada mentira con una renovada apariencia de credibilidad.
Esto no es periodismo ni una denuncia de irregularidades. Es una guerra informativa cuyo objetivo es erosionar la democracia desde dentro. La verdadera amenaza no proviene de los votantes europeos, sino de quienes tratan de manipular su voluntad por medio de conspiraciones y caos.
No se deje engañar.

También bajo nuestro radar de desinformación esta semana:
- La desinformación pro-Kremlin ha seguido difundiendo con empeño la narrativa de que Rusia tiene el control total de las negociaciones, mientras que Ucrania está desesperada por alcanzar un alto el fuego. Este relato presenta a Rusia como el bando dominante en el plano militar y a Ucrania como un país débil y sin poder alguno, pese a las continuas pérdidas rusas y al estancamiento de los avances en el frente. La afirmación de que el presidente ucraniano Volodímir Zelenski teme un posible acuerdo entre el presidente de EE. UU, Donald Trump, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, forma parte de una estrategia más amplia del Kremlin: retratar a Ucrania como un Estado sin soberanía y a la diplomacia occidental como una fuerza manipuladora. Como es habitual, el verdadero objetivo de esta narrativa es deslegitimar la posición de Ucrania, encubrir las dificultades de Rusia en el campo de batalla y desviar la atención de su falta de voluntad real para alcanzar la paz.
- Otra narrativa de desinformación tergiversa un artículo publicado en Politico (que en realidad analiza cómo el gasto en defensa podría impulsar el crecimiento económico) para sostener, sin ningún tipo de fundamento, que los planes de rearme de la UE destruirán su economía. Las supuestas advertencias de expertos que se citan ni siquiera provienen de Politico, sino de fuentes ajenas, lo que revela una táctica habitual del Kremlin: utilizar indebidamente medios occidentales legítimos para difundir mensajes engañosos.
- Por último, también han circulado las habituales narrativas que afirman que Europa se está convirtiendo en una dictadura en la que se reprime la libertad de expresión, mientras se pretende hacer creer que Rusia representa una mayor libertad y seguridad. La realidad, sin embargo, es muy distinta: Rusia ocupa el puesto 171 de 180 países en el índice de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras y continúa deteniendo a periodistas, aplicando leyes represivas contra la disidencia y castigando a quienes expresan pacíficamente opiniones contrarias al Gobierno. Esta narrativa forma parte de una estrategia más amplia del Kremlin para invertir los hechos, desviar la atención de las duras leyes de censura que existen dentro del país y presentar las democracias occidentales como regímenes opresores, al tiempo que encubre los abusos de poder dentro de sus propias fronteras.