La escalada rusa en el Báltico: el temor es parte de la estrategia

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Rusia está promoviendo una imagen de la región báltica en la que la OTAN se prepara para atacar, los gobiernos bálticos se están militarizando a toda prisa y los rusoparlantes van a ser el blanco de una persecución inminente. En conjunto, estos relatos crean una atmósfera de crisis permanente en la que la escalada militar parece cada vez más plausible. Esto permite a Moscú ejercer presión sin siquiera emprender acciones militares abiertas: la propia posibilidad de un conflicto se convierte en un medio de coacción.

A finales de 2025, el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) llamó la atención sobre las constantes operaciones rusas de manipulación de la información e injerencia por parte de agentes extranjeros (FIMI) cuyo blanco son los países bálticos señalando que estas reflejan los discursos con los que el Kremlin intenta justificar las invasiones de Ucrania. Las recientes evaluaciones de los servicios de inteligencia bálticos describen un esfuerzo ruso sostenido y cada vez más organizado por influir en el entorno informativo de Letonia, Lituania y Estonia mediante la difusión de discursos antibálticos en las redes sociales y campañas coordinadas en múltiples plataformas.

Los «agresores bálticos»

Uno de estos discursos recurrentes señala a los Estados bálticos como agresores que lideran la lucha de Occidente contra Rusia. Esta acusación cobró relevancia tras los ataques ucranianos contra infraestructuras petroleras rusas, cuando funcionarios rusos acusaron falsamente a los Estados bálticos de abrir «corredores aéreos» para los drones ucranianos, una afirmación que las autoridades bálticas rechazaron. Otro discurso habitual sostiene que Occidente está perdiendo la lucha contra Rusia y, por lo tanto, pretende abrir «un segundo frente» en la región báltica. En él se alude a los Estados bálticos como países «kamikaze», dispuestos a sacrificarse para debilitar a Rusia, tal y como, supuestamente, habría hecho Ucrania antes que ellos.

En el argumento de los «agresores bálticos» también se afirma que Lituania, Letonia y Estonia se están militarizando rápidamente para hacer frente a Rusia. Dichas afirmaciones cobraron especial relevancia durante las recientes maniobras de la OTAN en la región báltica. Las maniobras «Gallant Boar 2026» tienen por objeto reforzar la coordinación entre las fuerzas aliadas en una zona de importancia estratégica en el flanco oriental de la OTAN, entre el enclave ruso de Kaliningrado y Bielorrusia. Los medios del ecosistema informativo del Kremlin proclamaron que las maniobras eran los preparativos para una guerra a gran escala contra Rusia y acusaron a la OTAN de estar poniendo a prueba las defensas de Kaliningrado antes de una posible tentativa de apoderarse del enclave ruso o de someterlo a un bloqueo al estilo de Crimea. Los medios estatales bielorrusos promueven discursos similares: por ejemplo, en un reportaje de la televisión estatal se llegó a afirmar que «Lituania se está convirtiendo en un enorme campo de entrenamiento militar».

Acusaciones de persecución y pretextos jurídicos

Bielorrusia ha dado crédito, asimismo, a las afirmaciones de Rusia según las cuales los Estados bálticos están violando los derechos de sus minorías de habla rusa. A principios de junio, funcionarios rusos y bielorrusos publicaron un informe conjunto sobre la cuestión. La retórica rusa suele difuminar la distinción entre rusoparlantes, personas de etnia rusa y ciudadanos rusos, lo que permite al Kremlin presentar a una población amplia y diversa como si fuera una sola comunidad supuestamente amparada por Moscú. Grigory Lukyantsev, director de Derechos Humanos del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, aseguró, sin aportar ninguna prueba, que Estonia, Letonia y Lituania estaban preparando deportaciones masivas de rusoparlantes. Los medios de comunicación afines al Estado ruso difundieron a los cuatro vientos su afirmación al mismo tiempo que las embajadas rusas en los tres países se hicieron eco del informe en sus páginas web y cuentas de redes sociales. Más recientemente, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zajárova, declaró, a su vez, que los Estados bálticos pretendían impedir que los ciudadanos rusos votaran en las próximas elecciones a la Duma Estatal.

El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso ha anunciado su intención de presentar una demanda ante la Corte Internacional de Justicia por lo que califica de «violación sistemática» de los derechos de la población de etnia rusa en Letonia, Lituania y Estonia. El Ministerio afirma que las autoridades bálticas están «prohibiendo» el idioma ruso, «reescribiendo la historia» y llevando a cabo una «campaña punitiva de represión e intimidación». Una investigación conjunta realizada por periodistas lituanos, letones y estonios reveló que los abogados del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso se habían dedicado a recopilar argumentos jurídicos para justificar esta acusación desde que Rusia iniciara la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022. Por esas mismas fechas, las embajadas rusas en Estonia y Lituania publicaron comunicados en los que afirmaban que los ciudadanos rusos en ambos países se habían convertido en blanco de «amenazas y provocaciones» y les instaban a denunciar los incidentes de «acoso» ante sus consulados.

Las afirmaciones del Kremlin sobre la persecución de ciudadanos rusos son especialmente preocupantes porque Rusia utilizó excusas similarmente relacionadas con la «protección» para justificar la agresión contra Ucrania en 2014 y su invasión a gran escala en 2022. Esta retórica tiene precedentes históricos más lejanos: cuando la Unión Soviética invadió el este de Polonia en septiembre de 1939, tras el Pacto Ribbentrop-Mólotov con la Alemania nazi, también alegó que intervenía para proteger a los residentes ucranianos y bielorrusos. Este mes de mayo, Putin firmó una ley que permite al presidente desplegar las fuerzas armadas rusas para proteger a los ciudadanos rusos arrestados, recluidos o sometidos a procedimientos penales o de otro tipo en virtud de resoluciones de determinados tribunales extranjeros o internacionales. La disposición no parece abarcar las medidas administrativas ordinarias, como la aplicación de los requisitos de residencia. No obstante, Moscú ha calificado la decisión de Letonia de deportar a los ciudadanos rusos que no cumplían dichos requisitos como una prueba más de tal persecución, lo que ilustra cómo las disputas jurídicas y administrativas aisladas pueden también incorporarse al discurso general de «protección» del Kremlin.

Acusaciones de «glorificación del nazismo»

La lista de argumentos rusos lanzados contra los Estados bálticos (que se asemejan mucho a las que ya utilizó contra Ucrania) no estaría completa sin las acusaciones de «glorificación del nazismo». En los últimos años, funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso han acusado repetidamente a los Estados bálticos de enaltecer el nazismo, especialmente en vista del tratamiento que estos han dado a los monumentos de la era soviética y su conmemoración de acontecimientos históricos.

En su informe de 2026 sobre la glorificación del nazismo, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso señala a los Estados bálticos, junto con Ucrania, Moldavia, Polonia y Finlandia, como países que ponen especial entusiasmo en la destrucción de los monumentos soviéticos dedicados a quienes lucharon contra el nazismo, acusándolos de realizar «esfuerzos crecientes por enaltecer a los nazis, a los colaboracionistas y a sus seguidores modernos».

Como parte de esta campaña, el Kremlin ha intentado asociar con el nazismo a los combatientes de la resistencia lituana que se opusieron a la ocupación soviética. El informe del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso sobre las violaciones de los derechos humanos en los países bálticos acusa a Vilna de «aplicar abiertamente una política de adulteración de la historia de la Segunda Guerra Mundial y de glorificación de los colaboradores nazis, a los que eleva a la categoría de héroes nacionales».

Preparativos militares y alerta ante un ataque

En paralelo a las campañas informativas del Kremlin, el refuerzo militar de Rusia y las recientes informaciones de los medios occidentales han contribuido a suscitar una inquietud real por la seguridad de los países bálticos. Sin embargo, la capacidad, la retórica y los indicios de una actuación inminente no deberían gozar de la misma consideración. Según The Telegraph, Rusia ya está utilizando al menos diez bases militares cerca de las fronteras de Bielorrusia y Ucrania para lanzar drones de ataque de largo alcance contra Ucrania. Dependiendo del punto de lanzamiento, el alcance de 1000 kilómetros del que se informa que tiene el Geran-5 podría situar a zonas de varios países de la OTAN a su alcance. Esto demuestra una capacidad creciente, aunque por sí solo no demuestra que haya intención de atacar el territorio de la OTAN.

Como cabía esperar, muchos expertos valoran el riesgo de que se produzca un ataque ruso contra los Estados bálticos. La inquietud ante una amenaza inmediata se agudizó después de que dos publicaciones estadounidenses, citando fuentes anónimas conocedoras de la visita del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú, informaran de que este había advertido a Rusia de que no debía atacar el territorio de la OTAN. Politico citó a una fuente anónima según la cual dicha reunión tuvo como «objetivo principal advertir a Rusia de que no iniciara una escalada contra los Estados bálticos». El Wall Street Journal, citando a «personas informadas sobre la visita», informó de que Ratcliffe viajó a Moscú «para transmitir a Rusia la advertencia de que no atacara a los países de la OTAN».

En respuesta a estos informes, el ministro de Asuntos Exteriores de Estonia, Margus Tsahkna, afirmó que la evaluación de las amenazas contra Estonia no había cambiado; el jefe de Defensa de Letonia, Kaspars Pudans, respondió de forma similar, señalando que «no estaría tan tranquilo» si existiera una amenaza inmediata. Por su parte, el expresidente estonio Toomas Hendrik Ilves cuestionó por su parte estos relatos, procedentes de fuentes anónimas, e insinuó que las referencias a los Estados bálticos podrían ser una cortina de humo.

El temor como medio de presión

Estos discursos resultan útiles para Moscú, independientemente de sus intenciones actuales o de su calendario para una potencial acción militar. Además de contribuir a legitimar una posible agresión futura, avivar los temores de una guerra inminente puede debilitar la confianza en la OTAN, alentar a Occidente a tomar decisiones que eludan riesgos y calificar los preparativos defensivos como una escalada peligrosa.

Descartar la amenaza o no prepararse para responder a ella sería una imprudencia. Pero los preparativos deben basarse en una evaluación racional de las capacidades de Rusia, no en el temor que el Kremlin pretende infundir deliberadamente.

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