La profecía autocumplida del Kremlin
En la escena internacional, esta semana ha sido especialmente intensa y frenética, marcada por numerosos acontecimientos de alto nivel y momentos clave de inflexión geopolítica. La escalada (y, esperemos, pronta desescalada) del conflicto entre Israel e Irán, los ataques de EE. UU. contra infraestructuras nucleares iraníes, la histórica Cumbre de la OTAN en La Haya y la esperada reafirmación del compromiso de los líderes europeos con la defensa y el apoyo a Ucrania durante la reunión del Consejo Europeo han generado un torbellino de acontecimientos ante los cuales la maquinaria de desinformación del Kremlin apenas ha podido mantener el ritmo.
Así que el Kremlin ha recurrido a lo que mejor sabe hacer: reciclar viejas mentiras sobre la supuesta beligerancia de Occidente y el papel de víctima perpetua que Rusia insiste en atribuirse. Incluso ha intentado aprovecharse de la amplia visibilidad internacional de todos estos acontecimientos de alto nivel para dar mayor credibilidad a su versión tergiversada del mundo.
¿Cómo se atreven a construir defensas?
La infundada narrativa sobre la supuesta expansión de la OTAN y su beligerancia contra Rusia ha sido, durante mucho tiempo, uno de los principales argumentos utilizados para fomentar una mentalidad de asedio en Rusia y recabar apoyos para las políticas del Kremlin, especialmente para su injustificada guerra de agresión contra Ucrania.
Así pues, en vísperas de la Cumbre de la OTAN que se celebrará del 24 al 25 de junio, los portavoces de la desinformación del Kremlin trataron una vez más de presentar los intentos defensivos de la Alianza Atlántica como una agresión hacia Rusia y difundieron también la idea de que el aumento del gasto en defensa es una clara señal de las supuestas intenciones beligerantes de la OTAN. Además, recurrieron a otro clásico del repertorio del Kremlin: la absurda afirmación de que la propia existencia de la OTAN es una amenaza para Rusia; o a esta otra: que la OTAN inventó el mito de la beligerancia rusa en un afán por controlar el dinero de los contribuyentes. O incluso a esta: que el gasto en defensa de la OTAN terminará en una deuda insostenible que arruinará a Europa.
Buscando desesperadamente las fisuras
Algunos comentaristas pro-Kremlin han intentado contrarrestar el discurso catastrofista en torno al auge sin precedentes del gasto en defensa de la OTAN con un poco de optimismo. Para ello, o bien han recurrido al bulo de que la OTAN está dividida y de que estas supuestas divisiones constituyen una amenaza existencial interna para la Alianza Atlántica, o bien han restado importancia al compromiso de elevar el gasto en defensa al 5 %. Sin embargo, a la luz de los resultados de la Cumbre, la postura del Kremlin parece más bien un ejercicio de autoengaño.
En última instancia, al adoptar una política exterior fundamentalmente imperialista, lanzar amenazas, ejercer violencia y agredir a sus vecinos, así como al desatar unilateralmente la mayor guerra en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, Rusia ha caído en una profecía autocumplida: cuanto más intentaba convencerse de que la OTAN albergaba planes de agresión contra ella, más beligerante se volvía; y son estas actuaciones imperdonables las que han forzado a la Alianza Atlántica a aumentar su gasto en defensa hasta máximos históricos. Y ninguna desinformación ni manipulación de información por parte del Kremlin podrá hacer desaparecer este hecho.
Europa es la nueva villana
Dado que el incremento del gasto en defensa será mayormente sufragado por los socios europeos de la OTAN, el Kremlin no ha tardado ni un segundo en presentar a Europa como la nueva villana de la película. Los recientes comentarios de la Alta Representante y Vicepresidenta de la UE, Kaja Kallas, sobre la importancia de ofrecer un apoyo continuado a Ucrania han sido objeto de una hostilidad particular y se han utilizado para justificar la narrativa pro-Kremlin de que Europa es supuestamente belicista y «rusófoba». Todo ello, junto con la decisión del Consejo Europeo de actuar contra la «flota clandestina» rusa como parte del 18.º paquete de sanciones, contribuye a mantener vivo el mito de una Europa beligerante.
Una estrategia a largo plazo para consolidar los mitos del Kremlin
Sin embargo, para Moscú, difundir bulos sobre una supuesta amenaza bélica de Occidente no es una maniobra ad hoc que se active únicamente con motivo de la celebración de importantes reuniones a nivel internacional. En realidad, el Kremlin lleva a cabo una campaña sostenida de revisionismo histórico, que incluye la reescritura y sustitución de libros escolares con el objetivo de adoctrinar a niños y jóvenes rusos mediante el mito de que Rusia es una eterna víctima que solo actúa con nobleza en defensa propia. Todo ello con un fin claro: glorificar el militarismo ruso y justificar tanto las guerras del pasado como del futuro.
Un poco de envidia ante los acontecimientos de alto nivel
Por último, quizá en un intento por desviar la atención del aislamiento internacional de Rusia, el Kremlin ha procurado exagerar la relevancia del Foro Económico Internacional de San Petersburgo, elogiando la supuesta dimensión excepcionalmente internacional del evento de este año. Sin embargo, el momento culminante de este foro, diseñado para levantar el ánimo, fue, sin duda, el discurso de Putin ante los participantes. Mientras el Kremlin pasó por alto el contenido del mensaje para ensalzar la virilidad de Putin por haber pronunciado «el discurso más largo en la historia del foro», nosotros nos quedamos con algo mucho más significativo: una frase en la que Putin afirmó que «territorio donde ponga un pie un soldado ruso, territorio que nos pertenece». Una declaración extrañamente imperialista viniendo de un país que se jacta de no haber iniciado jamás una guerra.
No se deje engañar.

También bajo nuestro radar de EUvsDisinfo esta semana:
- Como autoproclamado defensor de la decencia y la moral, el Kremlin no pierde ocasión para señalar rápidamente a los infames «anglosajones» como los culpables de todos los males del mundo. A Moscú poco le importa si estos son reales o imaginarios. Así pues, el Kremlin ha difundido un bulo que asegura que la CIA está socavando los valores tradicionales en Moldavia. Se trata de un ejemplo clásico de desinformación pro-Kremlin, difundido coincidiendo con la celebración de una marcha del Orgullo en la capital moldava. Estas afirmaciones infundadas apelan deliberadamente a posturas homófobas, al presentar, faltando a la verdad, a activistas y simpatizantes pro-LGTBIQ+ como peones de la Alianza Atlántica en un supuesto juego geopolítico. Esta instrumentalización de la homofobia es una estrategia bien conocida de la desinformación pro-Kremlin.
- El Kremlin, en su calidad de campeón del autoengaño, intentó también sostener que Rusia cuenta con el respaldo de una mayoría global. Esta afirmación surgió a raíz de unas declaraciones de la Alta Representante y Vicepresidenta de la UE, Kaja Kallas, quien advirtió que «Rusia representa una amenaza de 360 grados para el mundo». Sin embargo, la realidad dista mucho de esta narrativa. La Asamblea General de las Naciones Unidas ha condenado en reiteradas ocasiones la invasión de Rusia. Y solo un puñado de países, como Bielorrusia, Siria y Corea del Norte, continúan ofreciendo su apoyo incondicional a Moscú. Una lista un poco reducida como para hablar de «una mayoría global».
- Rusia ve su propio reflejo allí donde mira. No es de extrañar, por lo tanto, que el Kremlin proyecte su propio imperialismo distorsionado al declarar que Francia está colonizando Rumanía y preparándola para una guerra contra Rusia. Rumanía es un Estado soberano que, como miembro de la UE y de la OTAN, participa en marcos multilaterales de toma de decisiones, no se somete a ellos por imposición. Retratar a un gobierno democráticamente elegido como una simple marioneta es una táctica habitual en la propaganda pro-Kremlin, que busca socavar la legitimidad de las instituciones democráticas y poner en entredicho la voluntad de los votantes cuando los gobiernos no se alinean con los intereses geopolíticos de Moscú.