Nunca desperdicies una crisis
En el manual de manipulación del Kremlin, cada crisis y cada tragedia son una oportunidad, y la escalada del conflicto entre Israel e Irán no es una excepción.
La maquinaria de desinformación del Kremlin parece seguir un sencillo lema: nunca dejes que una crisis o una tragedia se desperdicie. Ya sean catástrofes naturales (como huracanes, inundaciones o incendios), disturbios políticos (como el Euromaidán) o conflictos armados en curso (como en Gaza), los propagandistas del Kremlin ven oportunidades donde otros ven sufrimiento.
La reciente escalada del conflicto entre Israel e Irán sirve como ejemplo para ilustrar esta máxima tan cínica. Los propagadores de desinformación del Kremlin han comenzado a aprovechar el conflicto emergente para tejer narrativas destinadas a encubrir a sus aliados, demonizar a los adversarios, desviar la atención de su propia agresión continuada contra Ucrania y, en definitiva, promover sus intereses estratégicos.
Fabricando la inocencia
Moscú se ha embarcado en una campaña para limpiar la imagen pública de Irán, retratando a esta teocracia, que socava los derechos humanos, como una nación pacífica atacada de manera injustificada. Los medios pro-Kremlin están difundiendo activamente narrativas manifiestamente falsas que aseguran que Irán nunca ha invadido ningún país, ni ha cometido asesinatos, ni ha intentado obtener armas nucleares.
Esta visión revisionista de la historia ignora por completo la profunda implicación de Irán en la desestabilización de la región a través de agentes como Hezbolá y los hutíes, sus documentados asesinatos patrocinados por el Estado, así como sus significativos avances en el enriquecimiento de uranio, muy por encima de lo necesario para fines civiles.
Al centrarse casi exclusivamente en proyectar una aparente imagen de inocencia de Irán, el Kremlin pretende maximizar la percepción de injusticia ante cualquier acción israelíes, reforzando así la condena contra Israel. A su vez, esto presenta a Irán como una víctima más digna de compasión en la escena mundial, cambiando así la dinámica del conflicto para encubrir a un régimen aliado.
Soberanía para mí, pero no para ti
A medida que se intensificaban las tensiones en Oriente Medio, Putin y el ministerio de Asuntos Exteriores ruso se apresuraron a condenar los ataques israelíes contra Irán como violaciones de la soberanía nacional y de la Carta de las Naciones Unidas. El repentino descubrimiento del derecho internacional por parte del Kremlin resultaría conmovedor si no fuera por el descarado cinismo que lo acompaña.
Sin embargo, esta inesperada devoción por los principios internacionales se esfuma convenientemente cuando el debate gira en torno a la propia invasión a gran escala no provocada de Ucrania por parte de Rusia: la violación de soberanía más flagrante en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Aunque Rusia lleva décadas intentando disolver sistemáticamente la soberanía de Ucrania, sus líderes y su maquinaria propagandística pretenden ahora defender esas mismas normas internacionales porque resultan convenientes para la narrativa que han elegido difundir con respecto a Irán.
Esta aplicación selectiva de la soberanía revela una estrategia en la que las tragedias no se aprovechan por cuestión de principios, sino para sumar puntos geopolíticos. Para el Kremlin, el derecho, los acuerdos y las normas internacionales son simples herramientas que se usan cuando conviene y, cuando no, se descartan.
El «mediador de la paz» motivado por intereses propios y con empatía selectiva
Moscú se ha apresurado a ofrecer sus servicios como mediador en Oriente Medio, intentando posicionarse como un «actor global responsable». Sin embargo, esta postura es eminentemente interesada.
La insostenibilidad del posicionamiento de Rusia fue comentada con agudeza por la Alta Representante y Vicepresidenta de la UE, Kaja Kallas, con estas palabras: «Claramente, Rusia, o el señor Putin, no es alguien que pueda hablar de paz mientras somos testigos de acciones como estas, y no es un mediador a quien se le pueda tomar verdaderamente en cuenta». Además, Kallas subrayó la hipocresía del Kremlin al añadir: «Debemos tener presente que Irán ha ayudado a Rusia a perpetrar estos ataques también contra Ucrania, y que su colaboración está funcionando en este sentido. Así que no, Rusia no puede ser mediador si no cree realmente en la paz».
La repentina preocupación de Rusia por la paz y la protección de la población civil desaparece por completo cuando se trata de su propia conducta en Ucrania, que incluye ataques deliberados contra hospitales, colegios, edificios residenciales y centrales energéticas. Este papel como mediador de la paz es puro teatro, diseñado para aprovechar la atención internacional, proteger la posición de Rusia en la región y limpiar su deteriorada imagen, mientras Moscú continúa su despiadada campaña de terror contra el pueblo ucraniano.
Tal como especularon abierta y cínicamente medios de comunicación rusos del ámbito económico, este conflicto podría proporcionar beneficios tangibles para Rusia: un incremento de los precios del petróleo impulsaría la castigada economía rusa, mientras que la ayuda militar y la atención política de Occidente podrían desviarse de Ucrania.
No se deje engañar.

También bajo nuestro radar de desinformación esta semana:
- El viejo truco pro-Kremlin de difundir acusaciones infundadas de corrupción ha puesto en el punto de mira al senador estadounidense Lindsey Graham y a otros 22 miembros del Congreso, afirmando que se están enriqueciendo gracias a Ucrania. La acusación, sin prueba alguna que la respalde, da a entender que estos legisladores están robando fondos ucranianos por un valor «mucho mayor» que unos pocos miles de dólares, aunque, mire usted por dónde, se desconocen los detalles. El momento en que se ha difundido esta difamación es revelador: surge justo después de que Graham presentara una ley para imponer más sanciones a Rusia. Acusaciones como esta provienen de medios propagandísticos pro-Kremlin bien conocidos, como Sputnik y RT, que en ocasiones anteriores han difundido declaraciones ampliamente desmentidas sobre laboratorios biológicos estadounidenses en Ucrania y tropas de combate francesas en suelo ucraniano. Tratándose de medios que cuentan con un historial probado de difundir mentiras y falsear pruebas, estas últimas acusaciones merecen ser analizadas con un escepticismo similar.
- Los medios pro-Kremlin han convertido el primer Día de los Veteranos en Alemania en un perverso resurgimiento del militarismo nazi mediante un bulo que afirma que la celebración de los veteranos de la Bundesweh honra, de alguna manera, a los soldados de las SS y de la Wehrmacht. Esta absurda narrativa de desinformación da a entender que Alemania está despertando su «arquetipo histórico» para un nuevo «Drang nach Osten (Empuje hacia el Este)» contra Rusia, presuntamente orquestado por los conspiradores «anglosajones». La realidad es mucho más prosaica: el Día de los Veteranos en Alemania, instituido mediante resolución parlamentaria en abril de 2024, honra expresamente al personal de la actual Bundeswehr, que ha prestado sus servicios en misiones internacionales de paz, y no tiene conexión alguna con las fuerzas armadas de la época nazi. Esta desinformación sigue la conocida estrategia del manual del Kremlin que consiste en tachar, sin fundamento alguno, las decisiones políticas alemanas sobre defensa de «belicistas», militaristas y «nazis», ignorando de manera intencionada el derecho legítimo de Alemania a defenderse contra el continuo belicismo de Rusia, que amenaza la seguridad europea; más bien, el apoyo de Alemania a Ucrania responde a la defensa del derecho internacional y al respaldo de la soberanía de Ucrania.
- La última teoría conspirativa que surge con fuerza de las cloacas de la desinformación pro-Kremlin proclama que la OTAN está «infundiendo a la fuerza» la ideología LGTBIQ+ a la población moldava como parte de un complot para movilizarlos contra Rusia y socavar el cristianismo ortodoxo. Este bulo salió a la luz tras el desfile del Orgullo en Moldavia, que tuvo lugar en las calles de Chisináu el 15 de junio. La teoría conspirativa pretende retratar a los activistas de los derechos LGTBIQ+ como peones de la OTAN en un juego geopolítico, aprovechando el sentimiento homófobo para promover las conocidas narrativas pro-Kremlin acerca de las revoluciones de colores patrocinadas por Occidente y el presunto cerco a Rusia. Esta campaña de desinformación tiene un doble objetivo: socavar la cohesión social en Moldavia mientras sienta las bases para desacreditar su orientación hacia Occidente en vísperas de las inminentes elecciones parlamentarias, que se celebrarán en septiembre de 2025. Este uso de la homofobia sigue siendo una herramienta consolidada y, a menudo utilizada, del arsenal de desinformación del Kremlin, particularmente eficaz en regiones socialmente conservadoras, donde puede usarse como arma política para presentar los derechos humanos básicos como «imposiciones extranjeras».