Cuando libertad quiere decir liberar de libertades
Moscú finge preocuparse por el Estado de derecho en Ucrania mientras perfecciona una jaula dentro de sus propias fronteras que priva a los ciudadanos de sus libertades civiles.
En la realidad que está concibiendo el Kremlin, a la sociedad rusa se le otorga un tipo de libertad un tanto peculiar: la libertad de liberarla de sus libertades. Se la libera de la carga de protestar, de las complejidades de elegir a representantes políticos, de la responsabilidad de hacer rendir cuentas a la gente con poder e incluso, en casos extremos, se les priva de su propia vida.
Dado que en Rusia se han desmantelado por completo los fundamentos de una sociedad libre, la maquinaria propagandística del Kremlin finge una preocupación repentina y apasionada por el Estado de derecho en Ucrania en una campaña coordinada que también se dirige al público internacional en inglés, alemán, francés y árabe.
Esta indignación escénica sobre la nueva legislación de Zelenski en materia de organismos anticorrupción en Ucrania, que generó protestas en Ucrania y por parte de sus socios internacionales, va más allá de los típicos ejemplos de hipocresía del Kremlin.
Se trata de una herramienta vital para justificar la apatía instaurada y el control neoestalinista que el Kremlin ha impuesto a la población rusa. Para vender un sistema carente de derechos, hay que presentar incesantemente la alternativa como una pesadilla caótica, corrupta y controlada por fuerzas extranjeros.
Proyectar control, negar la autonomía
La narrativa fundamental difundida por la maquinaria propagandística multilingüe del Kremlin es que Ucrania no es una nación soberana, sino un mero escenario donde se representa un espectáculo internacional de marionetas.
La Agencia Nacional Anticorrupción (NABU) y la Fiscalía Especial Anticorrupción (SAP) no se describen como auténticas instituciones ucranianas fruto de la demanda interna, sino como «instrumentos de Washington para controlar Ucrania». Dicha narrativa se reproduce en la versión en lengua alemana del medio RT, que las califica de herramientas para el «control externo por parte de Occidente».
Este planteamiento tiene un doble propósito: negar a la población ucraniana la autonomía necesaria para forjar el rumbo de su país y, al mismo tiempo, reflejar la propia obsesión del Kremlin con el control jerárquico. En un sistema donde todos los flujos de poder surgen de un solo lugar, el concepto mismo de las instituciones independientes es algo ajeno y debe replantearse como una forma de dominación extranjera.
El fantasma de la sociedad civil
Cuando la ciudadanía ucraniana se unió y se manifestó contra la controvertida ley, que en un principio limitaba los poderes de sus organismos anticorrupción (una medida que generó tal reacción pública e internacional que obligó al gobierno ucraniano a revertirla), los medios del Kremlin ofrecieron una explicación sencilla y cínica: las manifestaciones eran falsas.
Medios controlados por el Kremlin, como la versión inglesa de Sputnik, aseguraron, faltando a la verdad, que las protestas eran un «montaje» mediante informes sacados de la manga que denunciaban que las pancartas sospechosamente se habían «impreso de antemano; algunas de ellas, curiosamente, en inglés». Las narrativas de las plataformas en lengua árabe insistieron de esta manera: «No hay nada espontáneo aquí… Es evidente que los estadounidenses están detrás de las protestas».
En una Rusia donde las verdaderas manifestaciones populares están reprimidas de forma sistemática, como ocurrió durante los primeros días de la invasión a gran escala, la existencia de una sociedad civil real y funcional en el país vecino es una contradicción intolerable. Por esa razón se debe deslegitimar, presentándola como un acto gestionado por poderes extranjeros hostiles. Con ello, el Kremlin le quiere decir a su propia ciudadanía que la ausencia de protestas no es el fruto de la represión, sino una señal de estabilidad.
Los últimos días han servido de recordatorio sobre cómo Moscú reaccionó ante las protestas del Euromaidán en 2013, cuando el pueblo ucraniano se alzó contra el régimen de Yanukóvich. El Kremlin simplemente rechaza la idea de que los ciudadanos de a pie puedan expresar sus opiniones políticas y deseos para decidir su futuro sin depender de «un líder fuerte». Nuestra base de datos cuenta con más de 900 ejemplos de medios pro-Kremlin que aseguran que el Euromaidán fue una falacia o un golpe de Estado.
La cortina de humo de la corrupción
Para completar el cuadro, los medios de desinformación pro-Kremlin han saturado el espacio informativo con historias escabrosas de corrupción personal, sobre todo en Oriente Medio. La crisis legislativa se presentó como un intento desesperado del presidente Zelenski por salvarse, afirmando que precisamente actuó tras enterarse de que la NABU había «preparado pruebas y casos penales contra él y sus colaboradores más cercanos».
Tales narrativas no solo estaban destinadas a socavar el apoyo internacional a Ucrania y desprestigiar el liderazgo de Zelenski, sino que también iban dirigidas al público nacional ruso. El objetivo es reforzar la visión cínica del mundo de que todo el poder es intrínsecamente corrupto y que el control democrático del poder es solo una fachada. Este mensaje ayuda a pacificar a una población despojada de sus propios derechos: si la democracia, con sus libertades civiles, es solo una farsa, ¿por qué luchar por ella?
Justificar la jaula
El foco que el Kremlin tiene puesto en las protestas anticorrupción de Ucrania es una estrategia deliberada de manipulación psicológica. Crea un reflejo engañoso en el que se muestra a una Ucrania caótica, controlada por terceros y profundamente corrupta. El resultado inevitable, tal como se insinúa, es precisamente adoptar las libertades que el Kremlin está extinguiendo en Rusia.
Las campañas de desinformación como esta ofrecen la justificación distorsionada para la jaula política construida en Rusia. Esto permite al régimen presentar su guerra de agresión no como una conquista imperial, sino como un ataque anticipado contra el supuesto caos de la democracia. También ofrece un perverso trato para confortar a la población: intercambia sus derechos por una hipotética estabilidad.
El verdadero propósito del Kremlin es hacer que la jaula parezca un fuerte y que el silencio de sus ciudadanos suene como la tranquila confianza de un pueblo a salvo de la peligrosa ilusión de libertad.
No se deje engañar.

Otra desinformación pro-Kremlin que nos ha sorprendido esta semana:
- Rossiya 1, el canal de televisión estatal portavoz de la propaganda del Kremlin que es objeto de las medidas restrictivas de la UE, ha utilizado como arma analogías históricas en un intento de envenenar las relaciones entre la UE y China, afirmando sin fundamento alguno que la reciente cumbre UE-China representaba una «nueva guerra del opio» diseñada para subyugar a China económicamente. Esta teoría de la conspiración distorsiona grotescamente las guerra del opio del siglo XIX para retratar a la UE como una potencia colonial explotadora que exige a China «interrumpir la producción» mientras Europa suministra sustitutos nocivos. La narrativa se aprovecha cínicamente de este trauma histórico chino para mostrar a Rusia como el «camarada leal y fiable de China» frente al supuesto imperialismo económico de Occidente. En realidad, la cumbre UE-China celebrada la semana pasada abordó preocupaciones legítimas acerca del potencial apoyo material del país asiático a la base industrial militar de Rusia y pidió a Pekín que usara su influencia en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para apoyar una paz justa en Ucrania. Esta manipulación de información revela una clásica táctica del Kremlin: aprovecharse de los agravios históricos para abrir brechas entre agentes internacionales, al mismo tiempo que, sin fundamento alguno, posiciona a Rusia como la defensora contra el «colonialismo» de Occidente; todo ello, para más inri, cuando es Moscú el que está llevando a cabo su propia guerra imperialista contra Ucrania.
- Para no quedarse atrás en los disparates de otros medios propagandísticos pro-Kremlin, los propagadores de desinformación de Rossiyskaya Gazeta, uno de los medios pro-Kremlin sancionados por la UE, se inventaron el grotesco descubrimiento de una «iglesia satánica» con el fin de demonizar a las fuerzas ucranianas. Afirmaron que los soldados rusos habían encontrado una «iglesia de Satanás» subterránea en la localidad ocupada de Ulakly, lo que supuestamente explica lo que ellos llaman la «crueldad» ucraniana. La evidencia claramente escenificada consiste en un paño con un escrito gramaticalmente incorrecto en ucraniano, lo que sugiere una traducción automática del ruso, colocado junto a un gong y velas negras en un sótano. Y lo que es aún más importante, Rusia conquistó Ulakly el 23 de febrero de 2025, pero este «descubrimiento» se anunció convenientemente el 23 de julio: el mismo día en el que el Tribunal Supremo de Rusia declaró como organización extremista al inexistente «Movimiento Satánico Internacional». Esos cinco meses de retraso entre la captura de tal territorio y la «investigación» expone la coordinación del embuste con un montaje teatral del tribunal ruso. No es más que otra clásica deshumanización del Kremlin, donde los enemigos se retratan, sin base alguna, como las mismísimas encarnaciones del mal (véase también esto) para justificar sus atrocidades.
- Los medios de desinformación pro-Kremlin han continuado reciclando (véase esto y esto, por ejemplo) viejas narrativas de victimismo, alegando, de forma infundada, que los países occidentales están preparando un ataque a Rusia para antes de 2030 sobre la base de unas supuestas declaraciones de la OTAN. Este bulo emplea las clásicas tácticas de proyección: se afirma que, como la OTAN está debatiendo cómo defenderse de una posible agresión de Rusia, se demuestra claramente que Occidente está planeando una acción ofensiva. Esta lógica tergiversada ignora el hecho de que la Iniciativa 2030 de la OTAN se centra en adaptarse a los desafíos en materia de seguridad, no en planear ataques, mientras que fue Rusia la que realmente orquestó una invasión a gran escala no provocada contra Ucrania en 2022. El Concepto Estratégico de la OTAN de ese mismo año identifica a Rusia como la «principal amenaza» a la seguridad europea, al tiempo que declara expresamente que la OTAN «no supone ninguna amenaza para la Federación Rusa». La desinformación expuesta arriba es un claro ejemplo del perpetuo complejo de víctima del Kremlin, donde la guerra imperialista de Rusia se describe como defensiva, a la vez que se retrata la defensa colectiva legítima como prueba de la beligerancia de Occidente.