Cómo miente Rusia sobre los niños ucranianos secuestrados

Gran oso azul sosteniendo a un niño junto a familia y camiones (Descripción generada por IA)
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«No hemos secuestrado a nadie», insistió en 2023 el entonces embajador ruso en EE. UU., Anatoly Antonov. «Salvamos a esos niños». El embajador no se limitaba a negar la deportación sistemática y el traslado forzoso de niños ucranianos por parte de las fuerzas de ocupación rusas en Ucrania, un delito respecto del que existe un conjunto de pruebas cada vez más numerosas aportadas por organizaciones internacionales, investigadores y grupos de derechos humanos. El embajador utilizaba un guion muy conocido: una campaña de información que pretendía presentar el delito como un rescate humanitario.

La historia de los niños secuestrados de Ucrania no se limita al delito en sí. Abarca también la campaña paralela para ocultarlo: un esfuerzo continuo por parte del Estado ruso para manipular las narrativas, negar la responsabilidad y presentar la deportación como una acción humanitaria. En la guerra de Rusia contra Ucrania, se han robado infancias y también la verdad.

La magnitud del problema

Los traslados forzosos documentados de niños ucranianos comenzaron con la ocupación rusa de Crimea y partes del este de Ucrania en 2014. Desde la invasión a gran escala de 2022, la magnitud del problema se ha agravado considerablemente. Las estimaciones indican que, hasta la fecha, más de 20 000 niños han sido deportados o trasladados por la fuerza desde Ucrania.

En el marco de la iniciativa «Bring Kids Back UA», puesta en marcha por el presidente Volodymyr Zelenskyy, se ha logrado el regreso de más de 2100 niños, pero muchos miles siguen separados de sus familias. Más de un millón de niños ucranianos siguen viviendo en territorios bajo control ruso y se enfrentan a una presión constante de asimilación, a la coacción y a violaciones de sus derechos.

Las instituciones internacionales han reconocido la gravedad de estos actos. La Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Ucrania ha concluido que la deportación y el traslado forzoso de niños constituyen crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. La Asamblea General de las Naciones Unidas ha adoptado una resolución en la que condena la separación forzosa de familias, la imposición de la nacionalidad rusa a los niños y el acogimiento o adopción de niños ucranianos por familias rusas. Y la Corte Penal Internacional (CPI) ha dictado órdenes de detención contra el presidente ruso, Vladímir Putin, y la comisaria rusa de Derechos del Niño, María Lvova-Belova, por la deportación ilegal de niños ucranianos.

Pero a medida que se han ido acumulado las pruebas, Rusia ha respondido con una avalancha de narrativas falsas destinadas a manipular la opinión pública y eludir su responsabilidad. Por ejemplo, el Kremlin desdeñó las órdenes de detención de la CPI y las calificó de motivadas políticamente, mientras que los medios estatales rusos presentaron a la CPI como una herramienta de presión occidental.

Sin embargo, la decisión de la Corte se basó en numerosas pruebas recopiladas por investigadores internacionales. El intento de desacreditar a la CPI forma parte de un esfuerzo más amplio de manipulación de la información dirigido a socavar las instituciones capaces de exigir responsabilidades a los autores.

Cómo se difunden las narrativas

Estas narrativas no aparecen de forma aislada: siguen un patrón reconocible de manipulación de la información. Las afirmaciones de los funcionarios rusos se difunden primero a través de canales oficiales o ruedas de prensa, ya continuación son amplificadas por medios estatales como TASS, RIA Novosti y Russia-1. A partir de ahí, las narrativas se difunden a través de redes en línea pro-Kremlin, canales de Telegram y cuentas proxy que adaptan los mensajes al público internacional.

Las diferentes audiencias reciben versiones distintas de la misma historia. El público ruso oye hablar de evacuaciones heroicas. El público internacional oye hablar de protección humanitaria. El objetivo en ambos casos es el mismo: difuminar el límite entre la deportación y la asistencia.

«Evacuación, no deportación»

Una de las afirmaciones más recurrentes de Rusia es que los niños ucranianos simplemente fueron evacuados por su propia seguridad. El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zakharova, han calificado repetidamente los traslados como evacuaciones humanitarias. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, defendió que Rusia «salvó» a los niños ucranianos de los peligros de la guerra. Este discurso se amplifica con frecuencia en medios estatales como TASS, RIA Novosti y Russia-1, que con frecuencia afirman que los niños han sido «rescatados» de zonas peligrosas.

Sin embargo, el Derecho internacional establece una clara distinción entre evacuación temporal y deportación. Las evacuaciones deben ser temporales, transparentes y coordinadas con los tutores legales del menor y su Estado de origen. Investigadores independientes han documentado el traslado de muchos niños ucranianos a cientos o incluso miles de kilómetros de sus hogares, a menudo sin el consentimiento de los progenitores y obstaculizando activamente cualquier intento de regresar. Las investigaciones han documentado redes de centros en toda Rusia a los que se ha trasladado a niños ucranianos.

El término jurídico para tales acciones no es «evacuación». Es «deportación».

Otro hecho preocupante es cómo se ha ido introduciendo gradualmente la cuestión de los niños secuestrados en las negociaciones sobre posibles intercambios de prisioneros. El Derecho internacional humanitario, sin embargo, es claro: los niños no son moneda de cambio. Pero presentar a los niños como objetos de intercambio corre el riesgo de normalizar el delito y crear incentivos para nuevos secuestros.

«Estos niños son realmente rusos»

Otra narrativa recurrente busca cuestionar la propia identidad de los niños afectados. Funcionarios rusos han afirmado que muchos de los niños sacados de los territorios ocupados son de etnia rusa o pertenecen sin duda a la esfera cultural rusa. Estas afirmaciones suelen repetirse en los comentarios de la televisión estatal rusa y los medios pro-Kremlin.

Pero la identidad no viene determinada por afirmaciones geopolíticas. Los niños ucranianos siguen siendo ciudadanos ucranianos, y el Derecho internacional reconoce su derecho a mantener su nacionalidad, identidad, cultura y vínculos familiares. Sin embargo, muchas de las políticas que acompañan a los traslados parecen diseñadas precisamente para debilitar esos vínculos. Las autoridades rusas han introducido medidas para acelerar la concesión de la nacionalidad a los niños ucranianos y facilitar su acogida o adopción en familias rusas.

En los campamentos y programas educativos los niños también han estado expuestos a mensajes que promueven el patriotismo ruso, al tiempo que minimizan o rechazan la identidad ucraniana. Un discurso particularmente cínico presenta estas instalaciones como campamentos educativos o recreativos benignos. Los medios estatales rusos han difundido imágenes de niños asistiendo a campamentos de verano, participando en actividades y recibiendo educación. Esto pretende dar a entender que los niños están a salvo y bien cuidados.

Sin embargo, las investigaciones han demostrado que muchas de estas instalaciones forman parte de un sistema diseñado para integrar a los niños ucranianos en las instituciones y el discurso rusos. Algunos niños han sido asignados a programas que hacen hincapié en el entrenamiento militar o la formación ideológica. Esto suscita serias preocupaciones en cuanto a la coacción y el adoctrinamiento.

Una respuesta internacional coordinada

En este contexto de negación y manipulación, la respuesta internacional se va consolidando progresivamente. El 11 de mayo, la Coalición Internacional para el Retorno de los Niños Ucranianos se reunirá a nivel ministerial en Bruselas para hacer balance de los avances y acordar los próximos pasos prácticos. La reunión enviará una señal clara: la solidaridad política en esta cuestión se está traduciendo en una acción coordinada. Se basa en una Jornada de la Sociedad Civil y los Expertos celebrada en Kiev el 30 de abril, que reunió a profesionales, investigadores y voces de la sociedad civil, y contribuyó directamente a la agenda de la reunión de Bruselas.

Mientras Rusia ofrece falsedades y espectáculo, la coalición trabaja con pruebas, experiencias vividas y el testimonio de quienes realizan esta labor sobre el terreno.

Defender la verdad y la infancia

Los ministros que se reúnen en Bruselas el 11 de mayo tienen una tarea específica que va más allá de las declaraciones políticas: tratar la campaña rusa de manipulación de la información como un componente del delito, no como un asunto secundario. Las narrativas del Kremlin no son mero ruido en torno a las deportaciones: son el mecanismo mismo mediante el cual se aplaza la rendición de cuentas y se obstaculiza el retorno de los niños. Contrarrestarlas es, por lo tanto, fundamental para traer a los niños a casa.

Cláusula de exención de responsabilidad

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