El intento fallido de Moscú de presionar a Moldavia mediante el suministro de gas

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El 3 de marzo, cuando se cumplían tres años de la firma de la solicitud formal de Moldavia para adherirse a la Unión Europea, la presidenta moldava, Maia Sandu, recibió en Chisináu al presidente del Consejo Europeo, António Costa, con motivo de su visita oficial en el marco del proceso de adhesión del país a la UE.

Aunque esta reunión y la incipiente primavera ofrecen un horizonte positivo, la tensión energética de los meses de invierno sigue proyectando una larga sombra sobre ambas orillas del río Dniéster.

Ahora que se ha logrado mitigar los efectos del corte de gas de un mes de duración impuesto por la empresa rusa Gazprom, el Kremlin está inmerso en un juego de acusaciones por su intento de ejercer presión sobre el Gobierno moldavo y la presidenta Maia Sandu. De todo ello podemos extraer varias conclusiones de lo más interesantes.

Moldavia permanece en el punto de mira del Kremlin

Moldavia ha logrado hacer frente a distintos intentos rusos de echar a perder su acercamiento a la UE, que van desde tentativas de golpe de Estado y presiones económicas hasta injerencias en las elecciones, como hemos analizado en anteriores ocasiones, aquí, aquí y aquí.

Moldavia celebrará sus elecciones parlamentarias a más tardar en octubre de este año, por lo que la actual crisis del gas ha sido el intento más reciente de sabotear los avances del país hacia su adhesión a la UE y de socavar la mayoría parlamentaria de cara a las elecciones.

¿Qué ha sucedido? La empresa rusa Gazprom interrumpió el suministro de gas a la región moldava de Transnistria el 1 de enero de 2025, alegando como motivo supuestas «deudas históricas impagadas». Como consecuencia de esta crisis ideada desde Moscú, los habitantes de la orilla oriental del río se quedaron sin calefacción durante el invierno y sufrieron apagones continuos, lo que también puso en peligro la producción de electricidad para el resto de Moldavia.

Rusia vuelve a utilizar sus exportaciones energéticas como arma política

Gazprom actúa como una extensión de las autoridades rusas, ya conocidas por utilizar sus exportaciones de gas y energía como un arma política y los apagones como instrumentos de coacción. Casi todos sus países vecinos han experimentado situaciones similares: Bielorrusia en diversas ocasiones, así como Alemania y otros consumidores europeos en mayo de 2022, cuando Rusia intentó ejercer presión para que se levantaran las sanciones.

Gazprom ha suministrado gas «gratis» o a precios muy bajos a la región de Transnistria durante más de 30 años. El gas se utilizaba tanto para producir electricidad como para abastecer a la industria pesada de la zona y a los hogares, que pagaban tarifas simbólicas. Nadie sabe con certeza dónde iban los beneficios de tal suministro, ya que los dirigentes de Tiráspol nunca pagaron nada a Gazprom. A lo largo de los años, las autoridades de facto de Transnistria habrían acumulado más de 11 000 millones de dólares en deudas. Esto solo puede explicarse por una razón: ese suministro garantizaba que la región siguiera dependiendo de Rusia.

Maniobras del Kremlin para eludir acusaciones

A pesar del contrato en vigor con Moldovagaz, que obligaba a Gazprom a suministrar la cantidad de gas acordada hasta la frontera moldava, Moscú no se molestó en explorar otras opciones para abastecer de gas a la región de Transnistria. Evidentemente, existían varias alternativas.

Sin embargo, Moscú y sus representantes en Transnistria prefirieron afirmar que la crisis era exclusivamente culpa de Occidente y consecuencia de los intentos de debilitar la influencia rusa en la región. Según el Kremlin, si el Gobierno moldavo en Chisináu hubiese querido ayudar a la región, habría negociado la reanudación del suministro con Rusia y Ucrania.

Mitos rusos:

Los medios de comunicación de la orilla oriental del río, controlada por autoridades de facto, se dedicaron a repetir las mismas narrativas difundidas por el Kremlin. Durante casi 30 años, la región apenas ha tenido acceso a fuentes de información independientes que difirieran de los medios rusos y los medios locales controlados por las autoridades de Transnistria, puesto que la prensa moldava y occidental estuvo, hasta hace poco, sometida a un bloqueo sistemático.

«Al borde del colapso»: fuentes rusas a menudo afirman que Transnistria está al borde del colapso y que Moldavia y Ucrania conspiran para crear una «catástrofe humanitaria» en la región. Dmitry Peskov, el portavoz de Putin, afirmó que la región debía su propia supervivencia a Rusia y calificó la situación de «crisis real», mientras que la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, Maria Zajárova, presentó a Rusia como la salvadora de la región, al señalar que había sido Rusia la que había organizado el suministro energético a través de vías alternativas y se había esforzado por alcanzar soluciones a largo plazo. Sin embargo, estas soluciones no lograron materializarse; o al menos no de la forma que hubiese esperado Tiráspol.

«Al borde del caos»: el grupo de presión pro-Kremlin en Moldavia también fue muy prolífico en su labor: sus narrativas inventadas fueron repetidas hasta la saciedad por los medios rusos controlados por el Estado y los medios pro-Kremlin. El expresidente Igor Dodon afirmó que, al privar a la región de Transnistria de electricidad y gas, «alguien pretendía que toda esta situación acabara en violencia».

Difamar a la presidenta Sandu…: los medios pro-Kremlin llevan tiempo utilizando la misoginia para tachar a la presidenta Maia Sandu de mujer histérica y emocionalmente inestable; ahora, afirman que entró en cólera y exigió el uso de la fuerza para proteger la central eléctrica de Cuciurgan, situada en la orilla oriental del río y que abastece de electricidad a toda Moldavia.

… mediante teorías conspirativas: el medio ruso de propiedad estatal Sputnik se hizo eco de la teoría conspirativa promovida por el Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) ruso, según la cual la presidenta Maia Sandu habría debatido en el parlamento la puesta en marcha de una operación militar para restablecer el control sobre la orilla oriental del río con el objetivo de expulsar al ejército ruso de la zona y «vengarse». Es significativo que Rusia haya considerado ahora oportuno dejar que el SVR se pronuncie públicamente.

«Pérdida de soberanía»: Bogdan Tirdea, diputado socialista, calificó a Sandu de «peón en un gran juego geopolítico» orquestado por Washington, cuyo objetivo sería expulsar a todos sus rivales del mercado europeo del gas y monopolizarlo por completo.

La solución del Kremlin: gas de Europa y préstamos de Rusia

A mediados de enero, tras dos semanas sin gas, los dirigentes de Tiráspol viajaron a Moscú. Gazprom anunció que suministraría gas a la región como «gesto humanitario». Las soluciones iniciales propuestas por Moscú sugerían maniobras turbias y poco transparentes que involucraban a entidades sujetas a sanciones y contravenían la legislación moldava, lo que demuestra una vez más que, en lugar de soluciones, Rusia buscaba situarse en una posición de ventaja y poner al Gobierno moldavo en una encrucijada.

A finales de enero, la UE ofreció al Gobierno moldavo 20 millones de euros en ayudas de emergencia para evitar una crisis humanitaria en la región de Transnistria. Durante dos días, los dirigentes de Tiráspol y Moscú no se pronunciaron sobre dicha propuesta, que suponía una solución a un mes de apagones y de falta de calefacción en la región. Su aparato de propaganda no contaba con ningún discurso preparado para esta situación y, finalmente, los dirigentes de facto de Tiráspol aceptaron la ayuda, aunque el agradecimiento público fue cuando menos curioso: evidentemente a la UE, pero también a Rusia. Según ellos, Moscú había mostrado «interés en encontrar una solución» a la crisis.

Ayudas de la UE a largo plazo

La UE también ofreció 60 millones de euros adicionales para la población moldava de la orilla oriental del río, aunque con ciertas condiciones. En esta ocasión, Tiráspol debía implementar varias medidas. Entre ellas, abordar cuestiones relacionadas con los derechos humanos en la región, liberar a varias personas detenidas ilegalmente, levantar el bloqueo informativo de facto mediante la integración de la cadena pública moldava en la red del principal operador de cable de Transnistria y aumentar las tarifas energéticas de forma gradual.

Esta oferta forzó la reacción de Moscú: decidió suministrar gas a la región a través del mercado europeo por valor mensual de 120 millones de dólares, lo que supone una factura muy elevada.

Sin regreso al status quo

Se ha generado una situación bastante paradójica: a pesar de toda la retórica del Kremlin sobre los beneficios de un flujo estable y a largo plazo de gas ruso barato, Rusia prefiere pagar un precio más alto por gas adquirido en el mercado europeo mediante contratos a corto plazo, en lugar de suministrarlo desde sus propios recursos. Basta con utilizar el sentido común para entender que el verdadero objetivo de Moscú no es precisamente garantizar la estabilidad de Moldavia y el bienestar de su población en ambas orillas del río Dniéster.

La solución rusa implica incertidumbre, posibles interrupciones del suministro cuando le vengan bien a las operaciones híbridas del Kremlin y una abundante dosis de propaganda.

 

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