El Kremlin recurre a la FIMI para crear una cortina de humo sobre los drones en Polonia
Mientras el Kremlin difunde narrativas de desinformación contra Ucrania y la Unión Europea, Rusia también lleva a cabo operaciones con drones sobre territorio ucraniano, algunos de los cuales han llegado a entrar en el espacio aéreo de Estados miembros de la UE y la OTAN, como Polonia.
Así ocurrió la semana pasada: la noche del 9 de septiembre, más de dos docenas de drones rusos penetraron en el espacio aéreo polaco antes de realizar aterrizajes forzosos o ser derribados por las defensas aéreas de la OTAN.
A continuación comenzó el asalto retórico: Rusia, a través de una campaña de FIMI, difundió narrativas de desinformación sobre las incursiones. La táctica, como de costumbre, consistió en lanzar afirmaciones simultáneas en todos los frentes, siempre con el objetivo de negar y alejar de Rusia toda responsabilidad. Veamos cuáles fueron las principales líneas de ataque.
No ocurrió nada y no tuvimos nada que ver
Algunos comentaristas prorrusos afirmaron que, en realidad, poco o nada había sucedido. Por ejemplo, el comentarista prorruso Alexander Dugin aseguró: «No fue nada en absoluto. Fragmentos, restos, explosiones… y los polacos entraron en pánico». Por su parte, Vladimir Soloviev se burló de la decisión de Polonia de desplegar sistemas Patriot ante lo que calificó como la incursión de «tan solo tres o cuatro drones».
Otros recurrieron a argumentos más técnicos, al afirmar que los drones rusos solo tienen un alcance de 700 kilómetros y, por lo tanto, no podrían haber llegado a Polonia. Sin embargo, resulta que los drones fueron modificados para incorporar tanques de combustible adicionales, lo que les proporcionaba mayor alcance. Ante afirmaciones y negaciones contradictorias, la pregunta inevitable es: ¿qué versión de la verdad debemos creer?
En términos más generales, medios y comentaristas aseguraron que las autoridades polacas o de la UE no habían proporcionado «ninguna evidencia» de que los drones pertenecieran a Rusia, cuando en realidad existen numerosos informes que documentan el derribo de drones Gerbera rusos.
Lo hicieron «ellos»
El término «ellos» se refiere a la habitual lista de sospechosos del Kremlin, a quienes se culpa de las agresiones o atrocidades cometidas por sus propias fuerzas. Tal vez lo hizo Ucrania: podrían haber intentado llevar a cabo una «provocación» para arrastrar a Polonia a la guerra contra Rusia. O quizá fue Polonia, en otro intento de provocar a la OTAN y arrastrarla al conflicto. Incluso podría tratarse de una operación secreta de Occidente, destinada a sabotear las conversaciones de paz o a empujar a Estados Unidos a la guerra.
Tanta provocación en tan poco tiempo que uno se pierde. Pero el patrón es claro: negar lo evidente y responsabilizar a cualquiera que esté cerca.
La historia se repite en Rumanía
Unos días después, un dron ruso violó el espacio aéreo rumano, un hecho que las autoridades del país consideran que probablemente fue intencionado. Y, ¡sorpresa, sorpresa! Los medios prorrusos repitieron el mismo guion de desinformación: aseguraron que el dron era ucraniano, que Ucrania lo había lanzado para poner a los países europeos en contra de Rusia, que no existían pruebas de que fuera ruso, que Rumanía solo denunció su presencia después de que la OTAN se lo pidiera… y así un largo etcétera.
El Ministerio de Defensa de Rumanía ha confirmado que el dron era ruso. Sin embargo, la desinformación pro-Kremlin señala que el ejército rumano podría haberse equivocado y su nuevo guion era culpar a Rusia.
Así como los drones rusos sobrevuelan los cielos europeos, también lo hacen sus narrativas de desinformación, que oscilan entre la negación, la distracción y el engaño, tratando de ocultar la mano del Kremlin. Pero la verdad, como los propios drones, resulta imposible de ignorar.
No se deje engañar.

También bajo nuestro radar de desinformación esta semana:
- Medios rusos vinculados a actividades FIMI aseguraron que Rusia no estuvo detrás del ataque contra una fila de pensionistas en Ucrania. Sputnik, por ejemplo, afirmó que no fue una bomba rusa la que había alcanzado a un grupo de jubilados que esperaban para cobrar sus pensiones en el pueblo de Yarova, al este de Ucrania y cerca de la línea del frente. Se trató de un ataque que causó la muerte de 23 personas y dejó a otras 18 heridas. Sin embargo, el atentado fue confirmado por grabaciones de vídeo, periodistas sobre el terreno y el testimonio de los supervivientes. Otra mentira más para añadir al montón.
- Otro de los bulos que circularon esta semana afirma que Ucrania recluta mercenarios brasileños que instruyen a miembros del crimen organizado en América Latina. No cabe duda de que esta narrativa engañosa busca alimentar los temores de EE. UU. con respecto a los cárteles de narcotraficantes. Varios ciudadanos latinoamericanos se han unido a la Legión Internacional de Defensa Territorial de Ucrania y las autoridades ucranianas están investigando casos aislados de miembros de cárteles que supuestamente se habrían sumado a la Legión para aprovecharse de la formación con drones. Sin embargo, no existe ninguna prueba de que haya líderes de cárteles que se hayan reunido con «mercenarios ucranianos» para aprender técnicas militares.
- Por último, medios rusos vinculados a actividades FIMI difundieron la narrativa de que la UE pretende utilizar a la población moldava para luchar contra Rusia una vez que ya no haya más soldados ucranianos. Este bulo distorsiona claramente la realidad, ya que es Rusia la que está usando a ciudadanos norcoreanos en vez de soldados rusos como carne de cañón en Ucrania. Aun así, sostienen que la UE ordenará a Moldavia enviar a sus ciudadanos al campo de batalla. Esta narrativa se enmarca en una campaña a gran escala de FIMI dirigida contra las elecciones parlamentarias previstas en Moldavia el 28 de septiembre.
Imagen del artículo: (Dariusz Stefaniuk vía REUTERS)