El viejo farsante
De engaño diplomático a mentiras de un maestro titiritero: a simple vista puede parecer que el manual de manipulación del Kremlin cambia, pero su esencia sigue siendo la misma.
El martes 18 de marzo, Putin y el presidente estadounidense, Donald Trump, mantuvieron una conversación telefónica en la que debatieron un posible alto el fuego de 30 días en Ucrania. Una propuesta que Ucrania ya había respaldado durante las conversaciones que mantuvo con EE. UU. en Yeda.
El comunicado que emitió el Kremlin con respecto a la llamada del martes fue toda una clase magistral sobre cómo tergiversar información. Esta narrativa manipuladora preparada por el Kremlin con mucho mimo quiere hacer creer que Putin es el «mediador lógico para la paz», mientras que sobre el terreno rechaza una vez más la propuesta de alto al fuego y sigue dando rienda suelta a múltiples cantinelas propagandistas sobre Ucrania.
Esto es plenamente coherente con la estrategia que Moscú lleva aplicando desde hace tres años para intentar apropiarse de la narrativa de paz mientras continúa su implacable guerra contra Ucrania.
La realidad inventada por el Kremlin
El lenguaje del Kremlin revela su estilo habitual de negociación: parecer constructivo mientras impone requisitos imposibles. En las numerosas ocasiones que el Kremlin hace referencia a las «causas raíz de la crisis», en el fondo lo que esencialmente está haciendo es pedir a gran parte de Europa retroceder en el tiempo para consolidar el imperialismo ruso. Solo acepta la capitulación de facto de Ucrania, un cambio en su liderazgo político y la renuncia de Occidente a reforzar su propia seguridad para satisfacer a Rusia. De ahí que el Kremlin insista en que «se deje de proporcionar por completo ayuda militar extranjera [a Kiev]». Putin simplemente está repitiendo sus exigencias maximalistas envueltas ahora en un lenguaje «diplomático».
Tal y como hemos visto repetidamente desde 2022, las condiciones de Rusia para la «paz» suponen la rendición y el desmembramiento de Ucrania. Moscú presenta de manera cínica la defensa de Ucrania como «actos terroristas bárbaros», y se inventa una realidad alternativa en la que Rusia no es el agresor, sino un agente razonable que busca soluciones «integrales, fiables y duraderas» a pesar de las abrumadoras pruebas que demuestran lo contrario. Mientras tanto, los ataques rusos continúan sin cesar.
Esta triquiñuela diplomática tan solo sirve para intentar legitimar una vez más la injustificada guerra de Rusia contra Ucrania. Asimismo, pretende fracturar la unidad de Occidente cuestionando la autonomía y relevancia tanto de Ucrania como de la Unión Europea junto a sus Estados miembros. Para el Kremlin no solo está en juego Ucrania.
El cuento de las dos Rumanías
La maquinaria desinformativa del Kremlin también ha centrado su atención en Rumanía y se ha inventado un mundo al revés donde la UE supuestamente maneja los hilos del sistema judicial rumano como si fuera un maestro titiritero.
Los medios pro-Kremlin han difundido desesperadamente bulos sobre la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, alegando que ha orquestado personalmente la persecución del antiguo candidato presidencial, Călin Georgescu, y que incluso ha amenazado con restringir los fondos europeos a Ucrania si no se le apartaba del proceso electoral.
Estas delirantes teorías conspirativas, alimentadas por el más que cuestionable Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) ruso, carecen de todo fundamento. La verdadera situación es mucho menos sensacionalista: las autoridades rumanas imputaron a Georgescu múltiples delitos penales, entre otros, de promover organizaciones fascistas y de cometer irregularidades en la financiación de campañas electorales, y fueron los propios procedimientos jurídicos del estado rumano los que pusieron fin a la candidatura presidencial de Georgescu.
Como era de esperar, la desinformación pro-Kremlin englobó a este sencillo procedimiento jurídico como parte de la deriva «tiránica de la UE», por medio de la cual Rumanía se había quedado como la víctima indefensa del «despotismo de Bruselas». Esta narrativa engañosa contribuye a una estrategia más amplia por parte de Moscú que pretende erosionar la confianza en las instituciones democráticas y situar a los candidatos favorables pro-Kremlin como «víctimas populares» de la persecución de Occidente.
No se pierda el último informe de FIMI
El Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) publicó ayer su tercer informe sobre las operaciones de manipulación de información e injerencia por parte de agentes extranjeros (FIMI), en el que ofrece más detalles sobre la incansable maquinaria desinformativa rusa.
A quienes están al corriente de las actividades del Kremlin no les coge por sorpresa que el objetivo principal de Moscú siga siendo debilitar el apoyo a Ucrania, junto con la injerencia sistemática en las elecciones europeas a lo largo de 2024.
Según el informe, Rusia y China continúan refinando sus tácticas de manipulación, como demuestra el hecho de que Pekín esté reforzando su presencia en los medios de comunicación de todo el mundo mientras oculta su implicación a través de terceros. A pesar de actuar de forma independiente, es evidente la convergencia de sus narrativas hacia la culpabilización por la «escalada» del conflicto a la OTAN.
Ambos despliegan cada vez más herramientas de IA y crean redes engañosas que funcionan como icebergs: canales oficiales visibles en la superficie, pero que esconden por debajo amplias redes encubiertas. El informe completo, disponible en el sitio web del SEAE, ofrece más detalles sobre estas amenazas en constante evolución.
No se deje engañar.

Esta semana también nos sorprende:
- Sputnik, uno de los medios rusos controlados por el Estado que forma parte de la maquinaria propagandística del Kremlin, ha elaborado otra narrativa peligrosa que afirma que Alemania está coaccionando a refugiados afganos para que luchen por Ucrania por medio de amenazas de deportación a 2 300 inmigrantes. Esta historia, sacada de la manga sin un ápice de evidencia, funciona tanto para infundir miedo y ansiedad entre las comunidades de inmigrantes de Alemania, como para desviar la atención de la propia práctica bien documentada de Rusia de reclutar extranjeros, entre ellos, trabajadores inmigrantes y estudiantes de países como Bangladesh, Nepal, India y numerosas naciones de África con el objetivo de seguir alimentando su actual guerra contra Ucrania. Además de intentar agitar a las comunidades de inmigrantes de Alemania, esta táctica de proyección (acusar a otros exactamente de lo mismo que está haciendo la propia Rusia) se ha convertido en una táctica habitual del arsenal de desinformación del Kremlin.
- Los medios pro-Kremlin han propagado un nuevo disparate: los poderes occidentales están tramando el asesinato del presidente Zelenski porque al parecer «sabe demasiado». Esta siniestra teoría conspirativa, que se completa con escenarios dramáticos de envenenamientos o «desapariciones» misteriosas, pretende debilitar al gobierno democráticamente elegido por la población ucraniana y abrir una brecha entre Ucrania y sus aliados internacionales. Dichas mentiras reflejan los esfuerzos persistentes de Moscú por deslegitimar y desprestigiar al presidente Zelenski, cuyo liderazgo se ha convertido en emblema de la resistencia ucraniana desde la invasión a gran escala de Rusia en febrero de 2022.
- Los propagandistas del Kremlin han propagado bulos alarmistas que pretenden hacer creer que la OTAN está planeando «ataques terroristas» o «asaltos» a barcos, gasoductos e infraestructuras rusas del mar Báltico y otras partes del mundo. Esta acusación sin fundamento alguno ejemplifica la táctica recurrente de Rusia de atribuir intenciones maliciosas a otros mientras desvía la atención de sus propias acciones desestabilizadoras. En realidad, la OTAN lanzó su operación Centinela Báltico en respuesta a los sospechosos incidentes que dañaron infraestructuras críticas submarinas en el mar Báltico. Este discurso desgastado de «agresión de la OTAN» continúa sirviendo de justificación falsa para las propias provocaciones y acciones beligerantes de Rusia, mientras los hechos y la realidad demuestran sistemáticamente que la narrativa no es cierta.