Misiles y cortinas de humo
La semana pasada, Rusia participó de nuevo en el juego de las negociaciones de paz en Estambul que, como era de esperar, no condujeron a ningún avance real. ¿El resultado tangible? Otro intercambio de prisioneros pactado y un acuerdo para entregar los cuerpos de miles de soldados caídos. ¿El gran problema? Moscú continúa rechazando un alto el fuego incondicional, una exigencia que tanto Ucrania como sus aliados consideran innegociable para poner fin al derramamiento de sangre.
El Kremlin «ofrece» su fórmula habitual: una tregua de dos o tres días en «determinadas zonas» (que, sospechosamente, ni se han detallado) mientras presiona para que Ucrania repliegue sus tropas de las regiones ocupadas, reconozca la anexión ilegal de Crimea y de las cuatro regiones ocupadas, se desmilitarice, renuncie a ingresar en la OTAN e incluso adopte el ruso como lengua oficial. Dicho de otra manera: quieren que Ucrania se rinda y redefina su soberanía según los términos de Moscú para mantenerla firmemente bajo la esfera de influencia rusa. Putin anhela la expansión de Rusia, ya que esa es su ideología explícita.
Culpar y desafiar
Por su parte, Ucrania se mantiene firme e insiste en que la paz debe llevar implícito el respeto de su integridad territorial, la retirada de las fuerzas rusas y garantías de seguridad. Sin embargo, el Kremlin no está interesado en una paz genuina. Sigue con su campaña de desinformación, culpando a Kiev de «ataques terroristas» contra aeropuertos militares rusos y acusando a Occidente de arrastrar a Ucrania a una guerra subsidiaria «hasta acabar con el último ciudadano ucraniano». Esta narrativa es un clásico trillado del Kremlin, diseñado para ocultar la responsabilidad de Rusia en la guerra y desviar la culpa hacia otros.
Ataques en medio de las conversaciones
Para echar más leña al fuego, Rusia continuó llevando a cabo ataques con drones incluso durante los periodos de alto el fuego que ella misma había propuesto; entre otros, un asalto de cinco horas en Kiev a principios de esta semana, lo que deja claro que sus ofertas de «paz» son más una estrategia de imagen que un compromiso auténtico. El discurso de Putin sobre mantener negociaciones «sin requisitos previos» es rotundamente falso: el Kremlin ha exigido reiteradamente condiciones que obligarían a Ucrania a rendirse.
Los aliados europeos y de otras partes de Occidente, a menudo acusados por la propaganda del Kremlin de sabotear las conversaciones de paz, en realidad están alentando a lograr una paz duradera que respete la independencia y soberanía de Ucrania. Los intentos por culpar a Boris Johnson u otros líderes europeos de «frustrar» las conversaciones de paz son falsos y han sido desmentidos, reflejando así el afán de Rusia por sembrar discordia y dudas entre los socios de Kiev.
Una cortina de humo para la guerra de agresión
En resumen, las «propuestas de paz» rusas no son nada más que cortinas de humo para justificar sus conquistas territoriales ilegítimas y forzar a Ucrania a rendirse. Ucrania no rechaza la paz, sino que se niega a aceptar la derrota en los términos impuestos por Rusia. Mientras Moscú siga aferrándose a exigencias maximalistas y continúe su agresión militar, será imposible alcanzar una paz genuina.
De modo que, la próxima vez que lea titulares pro-Kremlin que afirman que Rusia quiere la paz y que Occidente es el culpable de la guerra prolongada, recuerde que no es más que una táctica de desinformación destinada a reescribir la verdadera historia del conflicto.
No se deje engañar.

También bajo nuestro radar de EUvsDisinfo esta semana:
- Moscú está difundiendo el bulo de que el Reino Unido, Francia, Alemania y Polonia están presionando para lograr un alto el fuego con el único fin de enviar efectivos militares a Ucrania, con la supuesta intención de arrastrar al mundo hacia una guerra. En realidad, el Reino Unido y Francia han estado liderando la iniciativa para crear una fuerza de mantenimiento de paz, una coalición de voluntades, compuesta por más de 30 países que supervisarían el posible alto el fuego en Ucrania, con el objetivo de protegerla de futuros ataques rusos. La intención es garantizar que se respete cualquier acuerdo de paz y evitar una nueva escalada por parte de Rusia, que continúa su ofensiva a pesar de la voluntad de Ucrania de alcanzar un alto el fuego.
- Otra de sus mentiras asegura que la UE está arrestando a sus ciudadanos por expresar opiniones prorrusas. Esta narrativa se basa en el caso de una profesora checa acusada de un delito penal por negar, cuestionar, aprobar o justificar el genocidio, después de haber difundido múltiples bulos en su clase, como afirmar que fuerzas ucranianas abiertamente neonazis estaban despellejando y quemando vivos a los rusoparlantes, incluidos niños. Un tribunal de distrito dictó sentencia recientemente y condenó a la profesora a siete meses de suspensión, una decisión que todavía puede ser apelada. El juez subrayó que la docente se aprovechó de la confianza de sus estudiantes menores de edad, quienes carecían del pensamiento crítico necesario para evaluar sus afirmaciones, un aspecto clave en la condena.
- Los medios pro-Kremlin continúan difundiendo la mentira de que la masacre de Bucha (en la que las fuerzas militares rusas asesinaron a civiles en zonas ocupadas de las afueras de Kiev a principios de 2022) fue orquestada por Ucrania y Occidente. Esta narrativa ignora las pruebas irrefutables de la responsabilidad rusa, incluidas investigaciones llevadas a cabo por la ONU, organizaciones de derechos humanos e imágenes por satélite. Muchos países han condenado los crímenes de guerra cometidos por Rusia en Bucha y han exigido responsabilidades, a pesar de los continuos intentos del Kremlin por negar las atrocidades.