Revisionismo ruso en vísperas del 9 de mayo: «la Europa moderna es la reencarnación del nazismo»
En unos días, concretamente el 9 de mayo durante el desfile del Día de la Victoria en Moscú, se espera que Putin ataque verbalmente a los países europeos con un uso masivo de términos como «nazi» y «neonazi». ¿La verdadera razón? El apoyo de Europa a la autodefensa de Ucrania contra la actual guerra de agresión por parte de Rusia.
Le presentamos una serie de artículos para que esté en contexto por adelantado.
Revisionismo histórico plagado del término «nazi»
En nuestro primer artículo, analizamos cómo Putin y la percepción oficial de Rusia sobre los enfrentamientos de la Segunda Guerra Mundial ha pasado a excluir gradualmente a más y más países del privilegio que en su día fue ser hermanos de armas. Los países aliados y de Occidente han caído en desgracia, a las democracias occidentales se las acusa de haber presionado a Hitler para que atacara a la URSS, y el papel de las naciones y los pueblos de las antiguas repúblicas soviéticas, entre ellas Ucrania, se pone cada vez más en entredicho, a pesar de que 6 millones de ucranianos lucharon contra el nazismo. Cada vez más, el argumento en la «Historia 3.0» de Putin es que la URSS equivale a Rusia y que los rusos fueron los únicos que realmente lucharon contra la Alemania nazi, mientras que los demás fueron colaboracionistas del Tercer Reich o simplemente fingieron luchar contra este.
El Tercer Reich y la Unión Europea
Una característica sorprendente de los últimos años en todos los medios vinculados al Kremlin es que la UE es equiparable al nazismo. El lenguaje se ha vuelto vulgar y las frases que antes solo se escuchaban en bares de mala muerte ahora se usan de forma generalizada en los comunicados oficiales. Le ahorraremos los detalles para no darles más bombo, pero los programas de televisión, caricaturas y material generado por IA donde aparecen líderes de la UE, la OTAN o Ucrania luciendo uniformes nazis, con esvásticas, o bien representados como ratas, hienas o similares, están siendo difundidos ampliamente por el Estado ruso y los medios de comunicación afines al Kremlin.
Durante el último año se han intensificado considerablemente la retórica y los mensajes políticos. Personalidades públicas destacadas y conocidas por sus estrechos vínculos con el Kremlin, como el presentador de la televisión estatal, Vladimir Solovyov, y la redactora jefa de RT, Margarita Simonián, parecen estar compitiendo para ver quién puede llevar sus denigrantes difamaciones al más alto (o bajo) nivel. La cuenta en redes sociales del antiguo presidente Medvédev, ahora secretario del Consejo de Seguridad ruso, es una cloaca repleta de amenazas nucleares y llamamientos a erradicar países europeos como Polonia.
El diario Izvestiya, conocido por sus estrechos vínculos con el Kremlin, promueve la idea de que la Alemania nazi simplemente ha cambiado sus colores y que sus descendientes se han reencarnado en la forma de la UE. Nuestra base de datos está llena de ejemplos de aseveraciones (como «la UE revive el nazismo») que se difunden por todo el ecosistema del Kremlin en diversos idiomas mediante redes como la de RT o Sputnik.
Cuando el intelecto cae en lo absurdo: vocabulario limitado y el insulto como arma política
No es que nos ofendamos fácilmente, sino que es hora de llamar a las cosas por su nombre. Decir que la UE, los líderes europeos y Zelenski son «la reencarnación del nazismo» es absurdo y un insulto al intelecto del resto del mundo. El hecho de que, al parecer, «nazi» sea la única palabra clave en el vocabulario de Moscú ilustra lo estrechos de mente que tienden a volverse los sistemas de difusión de propaganda.
Como dijo el politólogo y pensador Ivan Krastev: «El sistema de Putin ha violado una de las normas más importantes: no trivializar el nazismo».
Cual drogadicto, el sistema requiere dosis cada vez más fuertes y, en este caso, un uso indebido e intensificado de los desencadenantes emocionales de la comunicación. Funcionan como un faro, proporcionando un tenue haz de dirección que es obligatorio seguir. Sus únicos recursos son la masificación, la repetición y la supresión.
No es difícil entender por qué todos los recursos estatales rusos del espacio informativo se movilizan contra la UE. Bruselas y el sistema de la UE se han convertido en el objetivo de la compleja y profunda frustración que siente Moscú por no haber conseguido la ansiada (pero nunca lograda) victoria rápida sobre Kiev, así como por la relación con el propio país vecino, Ucrania, que ahora se encuentra en una situación crítica terrible.
En los últimos años ha surgido una afirmación central en la retórica rusa pensada para conferirle a esta ira una «imagen objetiva». Se afirma que los países del «Occidente colectivo actualmente están intentando falsear la historia y glorificar a los criminales nazis». En ocasiones resulta difícil hacer frente directamente a tales acusaciones de «ser nazi» porque los oficiales rusos y comentaristas pro-Kremlin suelen ser bastante poco precisos a la hora de explicar cómo exactamente la política oficial de los países de Occidente está «falseando la historia». En realidad, Moscú exagera la importancia de reuniones privadas entre un pequeño número de antiguos veteranos de guerra e intenta etiquetarlas de «glorificación del nazismo».
… y hablando de ofenderse fácilmente
La tendencia a usar el argumento de nazi (no tanto como una acusación creíble, sino más bien como arma retórica que se emplea a modo de insulto) es común en Rusia y en los medios pro-Kremlin.
Cuando el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, se atrevió a invitar a altos cargos europeos a asistir a la conmemoración de la Segunda Guerra Mundial en Kiev el 8 de mayo, los medios de comunicación del Estado ruso lo acusaron de «ignorar la victoria sobre Hitler»; como si Moscú tuviera el monopolio de ser el único lugar donde se puede conmemorar la victoria sobre la Alemania nazi. La etiqueta de «revisionismo histórico» se ha convertido en otro de los insultos que Moscú emplea contras sus críticos.
En el próximo artículo, analizaremos cómo Moscú intenta dar una imagen de coordinador de una alianza mundial por la paz y cómo esto se refleja en el desfile del 80 aniversario en comparación con el desfile del 60 aniversario celebrado en 2005, cuando Rusia no estaba en guerra.
No se deje engañar.