Tensión bajo la superficie: las presiones económicas que enfrenta Rusia en medio de un conflicto que no cesa
El Kremlin se preparó a conciencia para la invasión a gran escala de Ucrania aumentando sus reservas de divisas y, posteriormente, estimulando el crecimiento a través del gasto militar. Pero la economía rusa empieza a mostrar signos de debilidad a medida que se prolonga la guerra ilegal de Moscú.
Los medios estatales rusos y los tertulianos pro-Kremlin se han jactado durante años de la buena salud de la economía rusa pese a las sanciones occidentales, que se intensificaron enormemente tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Moscú en febrero de 2022. Al principio, tenían motivos para ser optimistas. Antes de la invasión, Rusia acumuló grandes reservas de divisas y de oro que, en retrospectiva, estaban destinadas a respaldar la guerra emprendida por Moscú. Después, en 2023 y 2024, el país creció a una tasa del 4,1 %. Esto se debió principalmente a sus elaborados planes para eludir las sanciones y al «keynesianismo militar», es decir, a la decisión del Kremlin de gastar sus reservas en compras militares que impulsaran la economía a corto plazo.
Pero ahora las reservas se están agotando y la militarizada economía rusa empieza a ceder. Hay numerosas muestras de ello. El Banco Central de Rusia mantiene los tipos de interés en cifras de dos dígitos para intentar contener las presiones inflacionistas. El déficit presupuestario del Gobierno es cada vez mayor y se espera que los planes para recaudar fondos a través de los impuestos aumenten aún más la inflación. Por su parte, los ingresos rusos procedentes de la exportación de combustibles fósiles han disminuido durante el último año, en el contexto de una tendencia a la baja sostenida desde que comenzó la invasión a gran escala. Y además, los ataques ucranianos contra refinerías rusas han provocado una subida sin precedentes del precio de la gasolina en el país.
Pero esto no ha hecho que los comentaristas pro-Kremlin pierdan su optimismo. Uno de ellos afirmaba hace poco que «la economía rusa es una fortaleza» y otro sostenía que «Rusia ha demostrado la inmensa fortaleza de su economía». Además, un artículo se hacía eco de una noticia del Financial Times, que fue tergiversada para afirmar que la economía rusa se ha convertido en una «mina de oro» para una «generación de ganadores». La noticia original, sin embargo, no usaba estas expresiones. En realidad, explicaba cómo las empresas rusas, a menudo subvencionadas por el Gobierno, aprovecharon un entorno de mercado menos competitivo para «hacerse con el botín», es decir, para adquirir los activos de empresas occidentales que abandonaron el país tras la invasión a gran escala.
Más recientemente, el presidente ruso Vladimir Putin declaraba que «aún queda mucho para hablar de recesión». Veamos si es cierto: Rusia evitó por los pelos una recesión técnica en el segundo trimestre de 2025, el Banco Mundial advierte de un estancamiento a largo plazo y la bolsa de Moscú registra fuertes caídas.
A la larga, además, esta situación puede agravarse. Un informe reciente de Carnegie revela que Rusia planea destinar a defensa y seguridad un 8 % de su PIB, una cifra considerable que deja al descubierto que la guerra en Ucrania es una prioridad para el país. Para financiar el gasto militar, el Gobierno prevé incrementar los impuestos y el endeudamiento, lo que tendrá inevitables repercusiones en el futuro. El presupuesto ruso se basa, además, en hipótesis demasiado optimistas, como la que estima que el precio por barril del petróleo Brent rondará los 70 dólares (USD) entre 2025 y 2027. El precio actual, sin embargo, está cada vez más cerca de los 65 dólares. Por último, es preciso señalar que cada rublo que se invierte en la guerra es un rublo menos destinado a educación, sanidad o infraestructuras públicas, áreas mucho más importantes para el crecimiento a largo plazo que un conflicto bélico.
Campañas de FIMI para negar el efecto de las sanciones
Mientras tanto, las campañas de FIMI de Moscú sobre las sanciones europeas repiten una y otra vez que las sanciones nunca han servido de nada. Es más, según el Kremlin, han fortalecido la economía rusa y casi han convertido al país en una superpotencia económica. Los servicios de inteligencia rusos afirman que varios expertos de la UE habrían informado a la Comisión Europea de que las sanciones a Rusia perjudican a la propia UE. El 19.o paquete de sanciones propuesto por la UE en septiembre provocó que los tertulianos pro-Kremlin fingieran preguntarse si un nuevo paquete podría ser eficaz dado que, supuestamente, los anteriores no habían funcionado. Un artículo sostenía de forma falaz que «el principal efecto de las sanciones ha sido el de castigar las economías europeas con una inflación persistente en el sector energético, tensiones comerciales y pérdida de competitividad frente a los mercados emergentes». Otros artículos pretendían difundir la narrativa de desinformación de que la UE colapsaría tras el 20.o o 21.er paquete, así como que, «con estas sanciones contra Rusia, Europa está cavando su propia tumba».
Pero fuera de la burbuja del Kremlin, existen pocas dudas sobre el efecto gradual que las sanciones tienen en la economía rusa. Según un informe reciente, «han elevado el coste de las importaciones esenciales [para Rusia], han reducido los ingresos por exportaciones y han expuesto a la economía a una creciente dependencia del comercio con China». La apuesta de Rusia por el keynesianismo militar y la aceleración del gasto en defensa que ello conlleva ha chocado con la escasez crónica de mano de obra del país. Esta situación ha alimentado aún más el ciclo inflacionista interno, provocado por el aumento de los gastos de transporte y seguros para los proveedores y por el mayor riesgo de sanciones.
El veredicto es claro. Las sanciones han puesto a la economía rusa en serios aprietos. Puede que el desenlace de esta situación no sea un colapso económico total, pero sin duda implicará un estancamiento y una merma de los recursos disponibles para la cruel guerra de Putin. No se deje engañar: es un hecho innegable que Rusia está pagando cara la cruzada de Putin contra Ucrania.