Celebrando una nueva guerra
Tras más de cuatro años desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, las verdaderas intenciones de Moscú ya no son un secreto para nadie: controlar, conquistar y someter al país en su totalidad o, en su defecto, en la mayor parte de territorio posible; devastar tanto como le sea posible la economía, la agricultura, la industria y las infraestructuras de Ucrania, sin hacer distinción alguna entre objetivos civiles y militares; y matar aleatoriamente a civiles.
Una guerra eterna donde se rinde culto a la muerte
Las recientes conmemoraciones del 80 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial han dejado una serie de mensajes claros.
Mientras la mayoría de los países buscan construir sociedades en las que el belicismo y la guerra no tengan cabida, la Rusia de hoy avanza por una vía en la que casi todos los aspectos fundamentales de la vida social (si no todos) giran en torno a la guerra. Los discursos de Putin, incluido el del pasado 9 de mayo, exaltan la beligerancia con una vocación casi religiosa, una postura que incluso la Iglesia ortodoxa rusa ha adoptado sin reservas. La guerra se ha convertido en uno de los principales pilares del sistema de Putin, por lo que resulta ingenuo esperar que esta situación vaya a cambiar de un día para otro.
La reciente práctica de los medios estatales rusos de dar visibilidad a las viudas de guerra, quienes prácticamente veneran a sus maridos, hermanos o hijos fallecidos como si hubieran sido sacrificados por el bien de Rusia o hubiesen cumplido con el más alto deber de sus vidas, supone un nuevo nivel de propaganda estatal. Además de constituir un intento evidente de neutralizar lo que en su momento fue un grupo particularmente activo de la sociedad civil rusa (el Comité de Madres de Soldados de Rusia, ahora silenciado por vías legales), las autoridades están promoviendo una especie de culto a la muerte que, junto con los desfiles militares masivos, busca disolver al individuo en el colectivo. También es un intento flagrante por parte de Moscú de maquillar y reinterpretar una consecuencia autoinfligida: el elevado número de víctimas.
A por nuevas batallas: las negociaciones de paz
Estos mensajes constituyen el telón de fondo de la vacilante actitud de Moscú ante las próximas negociaciones de paz. El llamamiento de los líderes europeos a un alto el fuego incondicional de 30 días, respaldado por EE. UU. y Ucrania, así como la exhortación del presidente Zelenski a Putin a participar en conversaciones directas en Turquía, han sido respondidos mediante una contraofensiva de relaciones públicas. El Estado ruso y los medios pro-Kremlin insisten en que el foco de las negociaciones debe centrarse en las «causas raíz» de los problemas entre Rusia y Occidente.
Bajo la aparente seguridad en sí mismos, los medios estatales rusos han dejado entrever cierto nerviosismo ante la posibilidad de una reunión cara a cara en Turquía con Zelenski, e incluso con Trump. ¿Qué podría pasar si esto ocurriera? Tratan de disimular su inquietud insistiendo en abordar las supuestas «causas raíz» del conflicto. Con el objetivo de rebajar las expectativas en torno a un encuentro directo entre Putin y Zelenski, los medios estatales rusos se movilizaron de nuevo para difundir la idea de que el presidente Zelenski carece de legitimidad o de que rechazaría una reunión. Consulte también «negociaciones de paz» en nuestra base de datos.
«Causas raíz»…
Para el Kremlin, hablar de «causas raíz» equivale a obstruir, ganar tiempo o simplemente rechazar cualquier planteamiento de Occidente que no implique la aceptación de las exigencias rusas. Algunas de sus principales demandas son las siguientes: las emitidas unilateralmente por Putin a la OTAN en diciembre de 2021 (que implicaban un retroceso de la Alianza Atlántica a sus fronteras anteriores a la ampliación de 1997); la destitución del presidente Zelenski, democráticamente elegido, y de otros líderes políticos ucranianos bajo el pretexto de la llamada «desnazificación»;y el desarme de facto de Ucrania, la adopción de un estatus neutral y su exclusión de la OTAN, todo ello acompañado de unas garantías de seguridad tan débiles que rayan en lo inútil. A todo ello, hay que añadir la alegación de que la Crimea ocupada y amplias zonas del este de Ucrania son, en realidad, parte de su territorio.
Lo más probable es que la estrategia de Rusia consista, en primer lugar, en abordar de nuevo las denominadas «causas raíz», aprovechar ese debate para anunciar un alto el fuego (o, más bien, una pausa táctica para reconstruir sus fuerzas) y, seguidamente, retomar la ofensiva con nuevos objetivos en mente.

También bajo el radar de EUvsDisinfo esta semana:
- El Kremlin, que ve el mundo a través de su propia lente autodistorsionada, se ha apresurado esta semana a afirmar que Europa está en manos de drogadictos y personas sin moral. Estas acusaciones surgieron tras la difusión de unas imágenes en las que se ve al presidente francés, Emmanuel Macron, recogiendo un objeto blanco arrugado de una mesa mientras estaba sentado junto al canciller alemán Friedrich Merz y al primer ministro británico Keir Starmer, durante una reunión a altas horas de la noche en Kiev. ¿Era algún tipo de sustancia ilegal? Por supuesto que no. Se trataba, simplemente, de un pañuelo arrugado, y las autoridades francesas no tardaron en señalar lo absurda que resultaba tal argumento. Este es solo un ejemplo más de cómo, en el marco de la llamada «jajaganda» del Kremlin, se difunden teorías conspirativas sin fundamento (en este caso, sobre un supuesto consumo de drogas) con el fin de desacreditar cualquier intento de alcanzar la paz por parte de Europa. Además de ser una forma sumamente vulgar de desviar la atención de los asuntos verdaderamente importantes.
- El Kremlin también ha intentado lanzar acusaciones infundadas de colonialismo mediante la afirmación de que la UE pretende colonizar Asia Central como sustituto de la región del Sahel, donde ha perdido influencia. Esta narrativa se ha creado con el objetivo de desacreditar la primera cumbre UE-Asia Central y desviar la atención de las propias ambiciones colonialistas e imperialistas de Rusia. La cooperación de la UE con sus socios se basa en valores, principios y objetivos compartidos. La estrategia de la UE para Asia Central simplemente define las prioridades fundamentales para mantener su compromiso con la región: invertir en cooperación regional y establecer asociaciones que fomenten la resiliencia y la prosperidad. No obstante, Rusia percibe estas acciones (acordadas de forma independiente por los Estados soberanos de Asia Central) como una amenaza para lo que considera su «esfera de influencia», lo que deja entrever la mentalidad propia de la Guerra Fría que aún persiste en el Kremlin.
- Por último, el Kremlin ha recurrido a su habitual juego de elusión de culpas al afirmar que las amenazas de la Alta Representante y Vicepresidenta de la UE, Kaja Kallas, reflejan una supuesta falta de respeto de la UE hacia las víctimas de la Segunda Guerra Mundial. Esta acusación pro-Kremlin perpetúa una visión revisionista de la historia y no podría estar más alejada de la realidad. La intención de los comentarios de Kallas era poner de relieve la postura de principios de la UE, que se niega a legitimar la actual agresión militar rusa participando en conmemoraciones orquestadas por el Kremlin. No se trata de una campaña de «rusofobia», sino de la defensa de los valores europeos compartidos: democracia, paz y respeto por la soberanía. En el extremo opuesto se encuentra Rusia, que hoy en día instrumentaliza la memoria histórica para justificar su beligerancia en el marco de una campaña más amplia de revisionismo histórico.
¡No se deje engañar!