El repentino interés del Kremlin por la democracia
Las peticiones de Moscú para que se celebren elecciones en Ucrania no logran encubrir el verdadero objetivo de Rusia: invertir los roles de víctima y agresor, hacer pasar el belicismo de Rusia por una misión de paz y secuestrar los procesos democráticos para legitimar la flagrante apropiación de territorios.
Recientemente, los portavoces de la propaganda rusa han estado sugiriendo varias propuestas aparentemente orientadas hacia la paz. El Kremlin ha visto la oportunidad de apropiarse de la narrativa mundial sobre las negociaciones por la paz en Ucrania. Moscú, sea acertada o no su interpretación, ve el actual clima geopolítico como el momento oportuno para consolidar algunos de los principios centrales de la desinformación pro-Kremlin acerca de Ucrania, Occidente y, lo más importante, acerca de la propia Rusia. De ahí su falsa promesa de paz, mientras habla de las «causas raíz» de la crisis y se presenta a sí misma como la víctima en lugar de como la agresora.
Veamos esta semana cómo el Kremlin ha presionado para que se celebren elecciones en Ucrania en medio de la guerra, solo para dar marcha atrás en cuanto la mera perspectiva de celebrarlas aparece sobre la mesa de negociación. Parece como si el Kremlin únicamente tuviera interés en la democracia cuando puede asegurarse de que las urnas se llenen con votos a favor de Moscú.
La entrada en escena del Kremlin, el guardián de la democracia
Hasta hace muy poco, la recurrente narrativa pro-Kremlin era tildar al Gobierno ucraniano de ilegítimo, acusarlo de obstaculizar la paz e insistir en celebrar elecciones en Ucrania para deponer al presidente Zelenski, puesto que Moscú se negaba a negociar con el actual presidente ucraniano. Claramente la intención era doble: primero, retratar a Ucrania y sus aliados como belicistas destructivos y, segundo, crear la imagen de una Rusia que apoya la democracia y el Estado de derecho, mientras intenta evitar desesperadamente que Ucrania desaparezca.
Un cambio repentino
No obstante, bien podría ser que Ucrania quiera ahora dejar en evidencia a Rusia, dado que hay algunos indicios que apuntan a que Ucrania podría estar preparándose para nuevas elecciones, incluso ante las extremas complicaciones y la coacción a las que se enfrenta como consecuencia de la guerra a gran escala iniciada por Rusia. Esto ha pillado desprevenidos a los quincalleros de la desinformación pro-Kremlin, quienes ahora también han tenido que quitar hierro a la importancia potencial de las elecciones en Ucrania sin desviarse demasiado de la narrativa pro-Kremlin previamente establecida para exigir su celebración.
Ahora el Kremlin pretende que le salgan peras al olmo de sus propias mentiras asegurando que las elecciones en Ucrania son una condición necesaria para seguir adelante con las negociaciones de paz, mientras al mismo tiempo continúa sembrando un discurso desinformativo que busca deslegitimar desde ya las posibles elecciones con acusaciones de fraude y de falta de transparencia. Otra estrategia recurrente, como era de esperar, ha sido culpar a Bruselas de obstaculizar las elecciones en Ucrania. Estas acusaciones son de lo más descaradas viniendo de un régimen con un conocido historial de fraude electoral y de restricción de la libertad de expresión y de prensa.
El objetivo de Rusia sigue siendo el mismo: desmantelar Ucrania
Desde mayo de 2024, momento en el que estaba fijada la fecha de expiración del mandato del presidente Zelenski, iniciado en tiempos de paz, el Kremlin ha estado orquestando una campaña de desinformación cada vez más sonada con el objetivo de socavar la legitimidad de las autoridades ucranianas. Por supuesto, los propagadores de desinformación del Kremlin dejaron convenientemente a un lado el hecho de que, pese a los actuales acontecimientos, la constitución de Ucrania sigue siendo clara: por una parte, no pueden celebrarse elecciones en tiempos de guerra y, por otra, el presidente de Ucrania ejerce sus poderes hasta la toma de posesión del nuevo presidente electo.
¿Por qué Rusia está tan decidida a desplegar su colosal infraestructura de manipulación de información e injerencia por parte de agentes extranjeros (FIMI) para debilitar la democracia en Ucrania? Porque desmantelar al gobierno elegido democráticamente en Ucrania y reemplazarlo por un régimen marioneta leal al Kremlin ha sido uno de los objetivos declarados de Rusia para perpetrar su invasión a gran escala y así ha sido desde el primer día. A pesar de las recientes declaraciones pro-Kremlin afirmando lo contrario y las aparentes propuestas de paz, el Kremlin continúa adelante con su deplorable objetivo.
Encontramos una analogía histórica en el caso del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial cuando tuvieron que posponerse las elecciones al Parlamento porque el país estaba involucrado en el conflicto.
Solo es democrático si lo hace Rusia
La maquinaria de desinformación del Kremlin ha tenido puestas sus miras en los procesos electorales democráticos porque, para el Kremlin, las elecciones son campos de batalla. Esto abarca desde atacar sistemáticamente las elecciones europeas con campañas de difamación y operaciones de manipulación de información e injerencia por parte de agentes extranjeros, hasta intentar inmiscuirse en las recientes elecciones alemanas, atacar el referéndum sobre la adhesión a la UE de Moldavia y emprender campañas de desinformación contra las protestas pro-UE tras las polémicas elecciones en Georgia. El denominador común de todos estos casos, al igual que el terreno que prepara el Kremlin ahora antes de las futuras elecciones en Ucrania, es contribuir a la idea engañosa de que las elecciones libres y justas son solo una invención de la propaganda occidental.
La visión pro-Kremlin sobre la condena por malversación de Marine Le Pen dictada por un tribunal francés puso de manifiesto esta predisposición a reaccionar de forma visceral. Todavía se estaba dictando la condena cuando la maquinaria desinformativa pro-Kremlin empezó a difundir absurdas afirmaciones sobre la «dictadura de la UE» y a culparla de «injerencia electoral».
Por el contrario, si Bielorrusia, uno de los propios lacayos de Rusia, sigue el ejemplo de Moscú y celebra unos comicios fraudulentos para consolidar el régimen de Lukashenko durante otro mandato ilícito, los portavoces de la propaganda del Kremlin sospechosamente guardan silencio. Incluso callan cuando Minsk hace desfilar a prisioneros políticos con confesiones forzadas en la televisión estatal. Es evidente que el autoproclamado papel de Moscú como defensor de la democracia es bastante selectivo. El destino que han corrido los líderes de la oposición rusa Boris Nemtsov y Alekséi Navalni, entre otros, habla por sí solo.
El mismo manual de manipulación de siempre: elecciones fraudulentas para legitimar la apropiación de territorios
La aparente nueva afinidad de Moscú por las expresiones de voluntad democrática del pueblo es engañosa. De hecho, el Kremlin cuenta con un largo y deplorable historial de celebración de elecciones fraudulentas, utilizadas tanto para justificar la apropiación rusa de territorios como para consolidar el propio poder ilegítimo del Kremlin. No hace falta ir muy lejos para encontrar a las fuerzas de ocupación rusas obligando, a punta de pistola, a la población a acudir a las urnas para celebrar referéndums amañados en Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón, o bien montando un espectáculo cada seis años para rendir tributo a Putin como el eterno líder de Rusia. Los más ingenuos creerán que estos espectáculos cuidadosamente orquestados son elecciones libres, pero, en realidad, no tienen nada que ver con la democracia. Para el Kremlin, son métodos de manipulación y control. No se deje engañar.

También bajo nuestro radar de EUvsDisinfo esta semana:
- Una amenaza sutil donde las haya: asegurar que el suministro constante de armas a Moldavia aumenta el riesgo de un ataque a Transnistria. Resulta curioso que esta narrativa engañosa no mencione quién iniciará el ataque, pero la implicación queda bien clara. Además, sigue el mismo patrón trillado del Kremlin de acusar a la víctima de ser el agresor. En este caso, se señala que, si Moldavia se defendiera, Rusia tomaría esta autodefensa por una agresión. Es más, este discurso pretende mostrar una falsa imagen de la militarización de Moldavia. El Gobierno moldavo ha rebatido en numerosas ocasiones estas afirmaciones señalando, con mucho acierto, que, tal y como se establece en la constitución del país, Moldavia continúa siendo militarmente neutral y está comprometida con la paz aunque también sea cierto que esté mejorando sus capacidades en defensa. Teniendo en cuenta lo que ha hecho Rusia con Ucrania, parece más que sensato creer que una mejor defensa es una buena respuesta ante el probado historial belicista de Rusia.
- Otra de las narrativas de desinformación favoritas del Kremlin que ha resurgido es la de sostener que las protestas populares son operaciones encubiertas de Occidente para instigar cambios de régimen. Ahora, los portavoces de la propaganda de Moscú quieren hacernos creer que Bruselas está preparando revoluciones de colores en Serbia, Hungría y Bosnia y Herzegovina. Pero eso sí: no se molestan en proporcionar pruebas para respaldar dichas afirmaciones. Así que aquí le contamos lo que realmente está ocurriendo. En el caso de las protestas en Serbia, las manifestaciones comenzaron a mediados de diciembre de 2024 tras el derrumbe del techo de hormigón de la estación de ferrocarriles de Novi Sad, que dejó 15 muertos. En Hungría, miles de personas tomaron las calles en respuesta a una nueva ley que prohibía la celebración de eventos del orgullo LGBTIQ+ y restringía el derecho de reunión. Y en Bosnia y Herzegovina, los problemas legales del líder de la República Srpska, Milorad Dodik, tienen su origen en las acusaciones de la corte de Bosnia sobre su desobediencia del orden constitucional bosnio, no en una conspiración dirigida por la UE.
- Hace tiempo que documentamos la obsesión del Kremlin por los nazis, en especial el uso indiscriminado de esta etiqueta para tratar de denigrar a los oponentes reales o imaginarios de Rusia. No es de sorprender que, mientras la UE se yergue para defenderse a sí misma y a Ucrania, los portavoces de la propaganda del Kremlin no hayan tardado en llamar a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, führer y acusar a la Unión de haberse convertido en un bastión del totalitarismo liberal. Este intento flagrante de presentar a Rusia como la víctima de una supuesta agresión europea surge justo después de la decisión de la UE de movilizar otros 800 000 millones de euros para cubrir sus necesidades de defensa. Mediante este despliegue de acusaciones falsas, el Kremlin pretende distraer la atención de su arraigada postura beligerante porque Rusia quiere la guerra, no la paz.