La visión global de un historiador: la guerra de Rusia contra Ucrania y cómo ponerle fin correctamente

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Este artículo refleja los argumentos principales de un debate organizado por el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) el 16 de enero de 2026

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Ucrania es parte indivisible de la historia europea

Una de las manipulaciones que más persisten en los debates sobre la guerra de Rusia contra Ucrania es el supuesto de que la importancia de Ucrania es escasa desde el punto de vista histórico, que se trata de un «caso límite» que solo hace poco se ha visto arrastrado a los asuntos europeos. Dicho supuesto no solo es erróneo, sino que perpetúa una visión de la historia dominada por el Kremlin.

Ucrania ha sido un espacio fundamental para el desarrollo europeo desde la prehistoria. Algunas de las primeras viviendas de la Edad de Hielo que se conocen en Europa se ubicaron en su territorio. Allí surgieron los primeros asentamientos urbanos, más antiguos que los de Mesopotamia. Las raíces lingüísticas de las lenguas indoeuropeas provienen de esta región. La cultura griega clásica mantenía profundos vínculos con la costa del mar Negro, mientras que las redes formadas por los pueblos godos, hunos y vikingos se desplazaban o tenían su origen en lo que hoy es Ucrania.

La geografía de Ucrania es excepcional en términos europeos. En ella se combinan suelos fértiles, ríos navegables que discurren de norte a sur y un acceso directo al mar. Esta configuración singular la ha convertido en un territorio históricamente próspero, pero también particularmente vulnerable a la expansión imperial.

Desde hace más de tres milenios, esta geografía ha atraído a imperios que buscaban controlar la producción agrícola y las rutas comerciales y tener acceso al poder marítimo. La guerra actual no es una aberración, sino la manifestación más reciente de una inveterada lógica imperial.

Entender esto es esencial para contrarrestar la desinformación que describe la agresión rusa como una defensa o respuesta. Es un patrón estructural, no situacional.

Cómo el mito histórico sustenta el poder

La ideología estatal rusa se basa en una visión falsificada de la historia: la afirmación de que existe una línea directa que une la Rus medieval temprana con la actual Federación Rusa. Este discurso impone un relato determinista de continuidad. Pero este no solo es falso, sino también políticamente funcional. Aceptar este relato en sus propios términos, limitándose a corregir los hechos, supone seguir aceptando el marco impuesto por Moscú.

Una respuesta más eficaz comienza por rechazar la premisa en sí misma. El pasado de Ucrania, como el de todas las sociedades europeas, es complejo, plural y dictado por la acción humana. Una vez que se entiende la historia como contingente y moldeada por el ser humano, en lugar de ser inevitable, las pretensiones imperiales pierden su poder justificativo.

El discurso interno europeo

La Unión Europea suele describirse a sí misma principalmente como un «proyecto de paz». Aunque sea un discurso reconfortante desde el punto de vista político, es incompleto históricamente y limitante estratégicamente.

Europa no se pacificó por el hecho de que descubriera el valor moral de la paz: se convirtió en pacífica porque sus imperios se derrumbaron. La UE es, en la práctica, el proyecto político posimperial de mayor éxito del mundo: una forma alternativa de organizar el poder y la prosperidad sin imperios.

No reconocer esto es importante. Cuando Europa se presenta únicamente como partidaria de la paz, tiene dificultades para responder a actores que se muestran explícitamente favorables al imperialismo. Rusia no busca la paz, sino la restauración imperial. Frente a un proyecto así, la retórica de la paz, por sí sola, no basta. La derrota de Alemania en 1945 no fue resultado de la retórica de la paz, sino de una coalición militar y económica coordinada.

Una Europa posimperial debe reconocer que la derrota de las guerras imperiales no es una tragedia, sino una necesidad histórica y, a menudo, una condición previa para la reforma.

El mito persistente de la Rusia «invencible»

Uno de los logros más importantes del Kremlin en materia de desinformación es el mito de la invencibilidad rusa: la idea de que la fuerza de Rusia es infinita, que nunca pierde guerras y que puede mantener un conflicto indefinidamente.

Pero la historia demuestra lo contrario. Rusia ha perdido guerras en repetidas ocasiones: contra Japón y Polonia, en Afganistán y la primera guerra de Chechenia. La Primera Guerra Mundial causó el derrumbe del Imperio ruso. Incluso en la Segunda Guerra Mundial, la victoria soviética fue inseparable de un apoyo externo masivo. Históricamente, los imperios pierden sus guerras finales, y esa derrota es, muchas veces, lo que posibilita la transformación interna.

Aceptar el mito de la invulnerabilidad rusa no solo desinforma, sino que también debilita la política europea y prolonga el conflicto al rebajar las expectativas de cambio.

Las armas nucleares no son decisivas: el verdadero peligro es el chantaje nuclear

Las armas nucleares se citan a menudo como un factor decisivo en la posición de Rusia en su guerra contra Ucrania. Desde una perspectiva histórica, este supuesto no se sostiene. Los Estados que poseen arsenales nucleares pierden guerras con regularidad, y las armas nucleares no han ayudado a Rusia a ganar guerras en el pasado.

El verdadero peligro en Ucrania reside en otra parte. Si se permite que Rusia se imponga mediante amenazas nucleares a un Estado armado convencionalmente, esto sentaría un precedente profundamente desestabilizador. Tal resultado indicaría que la intimidación nuclear es una herramienta eficaz de coacción y que la adquisición de armas nucleares es la única forma segura de disuadir una agresión.

El corazón económico de la guerra: los hidrocarburos

La base material del esfuerzo bélico ruso no es la fuerza ideológica, sino los ingresos procedentes de los hidrocarburos. Los beneficios del petróleo y el gas sustentan tanto al Estado ruso como a su capacidad militar.

Si de verdad se pretende poner fin a la guerra, esta base económica debe abordarse de manera seria y coherente. Las medidas parciales que dejan intactas las principales fuentes de ingresos solamente prolongan el conflicto y refuerzan el espejismo de la tenacidad rusa.

La resistencia de Ucrania y el momento estratégico de Europa

La invasión a gran escala de Ucrania dura ya más que la guerra germanosoviética de 1941-1945, y su importancia es comparable, no solo para Ucrania, sino también para la misma Europa.

La resistencia ucraniana ha dado tiempo a Europa: tiempo para replantearse su seguridad, sus dependencias y su autonomía estratégica. Sin esa resistencia, Europa no gozaría de esta oportunidad. Ucrania está permitiendo que Europa afronte realidades que se habían pospuesto durante mucho tiempo.

Este momento también brinda a Europa la oportunidad de emanciparse, mental y políticamente, de su excesiva dependencia de Estados Unidos, un ajuste cada vez más inevitable.

Conclusión: Ucrania como decisión sobre el futuro de Europa

Ucrania representa una encrucijada decisiva para el futuro de Europa. Una Ucrania absorbida por el imperio empoderaría a una Rusia fundamentalmente diferente y mucho más peligrosa. Una Ucrania integrada en Europa refuerza la alternativa posimperial que encarna la UE.

Ese resultado no se logrará con llamamientos abstractos a la paz. Requiere reconocer la dinámica imperial, desmantelar los mitos de la inevitabilidad, hacer frente a los factores económicos que propician la guerra y aceptar el protagonismo de Europa en la historia.

En ese sentido, la guerra no solo se libra en Ucrania. Se trata de si Europa entiende lo que es ella misma y a qué se enfrenta.

Cláusula de exención de responsabilidad

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