Reescribir las fronteras de la verdad: cómo la desinformación rusa falsea la memoria histórica
Desde el inicio de la agresión a gran escala de Rusia contra Ucrania, Moscú ha recrudecido palpablemente su guerra a favor de lo que ha dado en denominar la “verdadera historia”. El Kremlin está reescribiendo los libros de texto escolares para promover sus mitos acerca de la invencibilidad de Rusia y la supremacía total de Putin. Esta manipulación histórica no solo está destinada a la misma sociedad rusa, sino también a los países vecinos y la comunidad internacional. En los últimos tiempos, el Kremlin ha empleado diversas técnicas para alcanzar sus agresivos objetivos expansionistas falseando la historia y explotando los debates históricos.
El Kremlin sabe más de tu historia que tú mismo: la historia de Lituania reescrita
En marzo de 2025, la Universidad de Relaciones Internacionales de Moscú (MGIMO) presentó un libro de 400 páginas titulado Historia de Lituania, con un prólogo del ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov. El objetivo confeso de dicho libro es “ofrecer una visión histórica objetiva” que tenga en cuenta los “discursos históricos falseados” por los países bálticos.
En realidad, Historia de Lituania consiste en una serie de peligrosas falsedades históricas que cuestionan la soberanía lituana. No menciona los crímenes cometidos por los soviéticos contra los lituanos, y afirma que Lituania nunca fue un Estado independiente, que su incorporación a la Unión Soviética fue “beneficiosa” y que su retirada en 1991 fue “antidemocrática”. También acusa a los actuales líderes políticos lituanos de promover “una ideología profascista” construida sobre la “rusofobia” y el “nacionalismo radical”.
Rusia se presenta a sí misma como la única fuente de “verdad histórica” de sus vecinos, cuyas historias nacionales deben ser corregidas. El Kremlin ha adoptado un planteamiento sistemático para reescribir la historia en el que los escritos pseudohistóricos del presidente ruso Vladimir Putin deben tomarse en serio. En julio de 2021, Putin publicó su artículo “Sobre la unidad histórica de rusos y ucranianos” como justificación ideológica de la invasión rusa a gran escala de Ucrania de febrero de 2022. Un año más tarde, la MGIMO publicó su versión manipulada de la monografía Historia de Ucrania como parte de la misma serie de monografías que Historia de Lituania.
La persona que figura como autor principal tanto de Historia de Ucrania como de Historia de Lituania es Maxim Grigoriev, que se presenta como experto en varios ámbitos, entre ellos la historia. Además de su insólita y prolífica trayectoria como escritor e investigador, Grigoriev fue director del denominado Tribunal Público Internacional para la Investigación de los Crímenes de los Neonazis Ucranianos, una organización dedicada a difundir el argumentario habitual de desinformación del Kremlin sobre Ucrania. Grigoriev se ofreció como voluntario en la “operación militar especial” de Putin contra Ucrania. En el Dombás ocupado, posó orgulloso portando armas mientras vestía de civil. Cabe añadir aquí que la Convención de Ginebra prohíbe a los combatientes luchar vestidos de civil, ya que se considera traición.
Entre los autores del libro se encuentra un ciudadano lituano: Giedrius Grabauskas, que huyó a Moscú en 2020 tras ser declarado en busca y captura en su país natal y fue un estrecho colaborador de Algirdas Paleckis, un político lituano encarcelado por espionaje a favor de Rusia.
¿Cuál es el motivo del Kremlin para publicar este trabajo pseudoacadémico? Es dudoso que muchos lituanos lleguen siquiera a leerlo. El prólogo de Lavrov expone muy a las claras las intenciones del Kremlin: deslegitimar ideológicamente la soberanía de los países vecinos y dotar de una justificación pseudohistórica a las agresiones rusas. El prólogo de Lavrov a este libro manipulador y ahistórico demuestra el apoyo directo del Kremlin a sus afirmaciones propagandísticas que describen a Lituania como títere agresivo y antirruso de Occidente.
La mapaganda del Kremlin
Otro instrumento utilizado por el Kremlin para justificar sus ambiciones geopolíticas consiste en prohibir, falsear y malinterpretar deliberadamente las fuentes históricas, como los mapas antiguos y actuales de Europa y Asia. El actual director de la Sociedad Geográfica Rusa no es otro que el exministro de Defensa Serguéi Shoigú, responsable directo de la invasión rusa de Ucrania y acusado de crímenes de guerra.
En enero de 2023, Rusia aprobó una enmienda a su ley contra el extremismo que califica de material extremista los mapas que cuestionen sus reivindicaciones territoriales de 2014 y 2022. Esto supone que todos los mapas que estén al alcance de los ciudadanos rusos, tanto en Internet como físicos, deben representar a Rusia con sus fronteras “actualizadas” de 2014 y 2022. Pero las autoridades rusas van mucho más allá en su mapaganda y se dedican a difundir sistemáticamente mapas “corregidos” de Rusia y Ucrania en todo el mundo, tanto fuera como dentro de Internet. El propósito del Kremlin es legitimar la anexión ilegal de territorios ucranianos a ojos de la comunidad internacional. Moscú espera que el público acabe aceptando gradualmente las nuevas fronteras “porque así figuran en los mapas”. Como resultado de los esfuerzos sistemáticos de Rusia, incluso las principales editoriales y medios de comunicación occidentales han cometido repetidos errores y representado las fronteras de Ucrania de manera incorrecta.
En noviembre de 2016, Vladimir Putin expresó su opinión sobre la cuestión fronteriza afirmando que “la frontera de Rusia no termina en ninguna parte”. Según esta lógica, las fronteras rusas irán cambiando a medida que el país se expanda. Mientras tanto, los cartógrafos del Kremlin harán lo posible por imponer sus anhelos a la comunidad internacional.
Deep fake con IA para avivar controversias históricas
En junio de 2025, Polonia hizo frente a una provocación bien orquestada que utilizaba un deep fake avanzado generado con inteligencia artificial. El blanco de esta provocación fueron los trabajos de exhumación realizados en la aldea de Puzhnyky, en la región de Ternopil (Ucrania) y, en términos más generales, un difícil debate histórico entre Polonia y Ucrania sobre los asesinatos de polacos por parte del Ejército Insurgente Ucraniano durante la Segunda Guerra Mundial en lo que hoy en días es la parte occidental de Ucrania.
Entre el 4 y el 6 de junio, una página de Facebook que supuestamente pertenecía a un profesor polaco de medicina forense, Andrzej Ossowski, publicó una serie de entradas. Una de ellas era una resolución supuestamente emitida por el Ministerio de Cultura y Comunicaciones Estratégicas de Ucrania para interrumpir los trabajos de exhumación en Puzhnyky, y un vídeo de Ossowski comentando esta decisión negativa. Ambos eran falsos, y Ossowski nunca había tenido una cuenta en Facebook. Los trabajos de exhumación ya habían finalizado meses atrás.
Se trataba de fabulaciones muy realistas, y toda la operación fue resultado de una meticulosa planificación iniciada más de un año antes del incidente de junio de 2025. Se creó un perfil falso en Facebook con el nombre de Ossowski, con un año de antelación, que acumuló casi 300 conexiones con otras personas.
El momento de la ejecución se eligió cuidadosamente, ya que tuvo lugar directamente después de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales polacas. El objetivo de esta falsificación era socavar las relaciones entre Polonia y Ucrania reavivando una disputa histórica entre ambos países.
Reescribir la historia no es nada nuevo para Moscú, puesto que se trata de una tradición profundamente arraigada desde su período imperial. Durante más de un siglo tras la Revolución de Octubre, se ha recortado, embellecido o falseado por completo todo hecho inconveniente con un encono nunca antes visto. La Historia del Partido Comunista de toda la Unión (bolcheviques): breve curso, que en su día se consideró la biblia de los libros de texto de historia soviéticos, sentó las bases de este fenómeno al convertir las purgas, los fracasos y las rivalidades internas en heroicidades inevitables, una tradición que más tarde perpetuó por medio de discursos constantemente actualizados de “liberación” y “ayuda fraterna”. Las monografías pseudoacadémicas y los mapas manipulados de hoy en día simplemente siguen el mismo manual: cuando la realidad contradice las ambiciones del Kremlin, se cambia la realidad. Según este principio, la historia no es tanto un registro de hechos históricos como un cajón de sastre que permite volver a trazar fronteras, reimaginar a los vecinos y silenciar discretamente verdades incómodas. Al fin y al cabo, ¿por qué seguir viviendo con tu pasado, cuando puedes inventarte uno mejor?