El mundo en blanco y negro

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Los últimos meses han sido testigo de cambios sutiles, y no tan sutiles, en la narrativa pro-Kremlin acerca de Ucrania y de la actual diplomacia internacional que pretende poner fin a la guerra de agresión ilegal iniciada por Rusia.

Actitud positiva hacia EE. UU.

Mientras Moscú representa sistemáticamente a Ucrania y a la Unión Europea como belicistas y hostiles contra Rusia, la imagen con la que pinta a Estados Unidos tiene un matiz claramente distinto y más positivo. Los medios pro-Kremlin controlados por el Estado ruso han estado alabando al presidente Donald Trump (en ocasiones con efusividad), y han dado a entender que la visión de su administración sobre Ucrania y la guerra que Moscú ha desatado contra su país vecino se alineaba cada vez más con las de los líderes rusos.

«Europa versus América»

El buque insignia del Kremlin en materia de desinformación, la edición inglesa de RT, citó a un comentarista que aseguraba que «se ha llegado a un punto en el que, con respecto a Rusia, EE. UU. es más razonable y menos belicoso que sus actuales vasallos europeos medio rebeldes». Mientras tanto, su edición en francés, dirigida al público de toda África, resumió esta falsa narrativa con un titular más simple: «Estados Unidos quiere la paz, Europa quiere la guerra».

Rusia siguió exhibiéndose como si fuera el ideal de la racionalidad. En esta tergiversada realidad, Moscú solo quiere la paz, si bien una paz que cumpla sus exigencias maximalistas. En este sentido, los expertos en desinformación pro-Kremlin se apresuraron a destacar la presunta convergencia entre las ideas de Moscú y las de Washington: mientras uno afirmaba que el presidente Trump apoyaba la postura de Putin de que Ucrania debía aceptar las condiciones rusas como un prerrequisito para el alto el fuego, otro describía al presidente estadounidense como probablemente el único líder en la faz de la Tierra que reconoce la necesidad de abordar las supuestas «causas raíz» del conflicto de Ucrania.

Un pequeño recordatorio: en la jerga del Kremlin se usa el término «causas raíz» para referirse de forma abreviada a las exigencias de Rusia de lograr la rendición total de Ucrania y tener carta blanca para erosionar la soberanía de sus vecinos, así como la amplia infraestructura de seguridad de Europa. Esto incluye que EE. UU. reduzca su influencia y su papel en Europa.

¿Voluntad de paz?

Como suele ocurrir, los medios pro-Kremlin citaron extensamente a oficiales rusos repitiendo hasta la saciedad el argumento oficial. Por ejemplo, la edición inglesa de RT citó al primer representante permanente adjunto de Rusia ante la ONU, Dmitry Polyanskiy, quien aseveró que «la voluntad de paz de Trump es genuina». Un comentarista de televisión insinuó que EE. UU. y Rusia son una fuerza unida al decir que «Vladimir Putin y Donald Trump conseguirán sus objetivos en Ucrania».

Para resumir la alianza imaginaria entre el Kremlin y la Casa Blanca en contra de Bruselas y Kiev de la que presume Moscú, uno de sus medios afines afirmó que «Trump no solo considera a Putin un “amigo”, sino que también lo ve como un igual con quien espera celebrar magníficos acuerdos en el futuro». En realidad, este entusiasmo excesivo del Kremlin por sus nuevas «alianzas» solo pone de manifiesto el prolongado esfuerzo manipulador de Moscú de ser percibido como un igual, como una superpotencia respaldada por el fomento deliberado del mito de la invencibilidad de Rusia.

Altibajos

No obstante, se pudieron percibir algunos altibajos en los elogios del Kremlin al presidente estadounidense, Donald Trump.

Los comentaristas pro-Kremlin que se dirigían al público de habla polaca parecían más escépticos respecto a Trump y los esfuerzos por la paz de EE. UU. que sus homólogos de otras lenguas. Aseveraron que la polémica reunión celebrada el 28 de febrero entre Trump y Zelenski en el despacho oval fue «un montaje orquestado por el Estado profundo», que el presidente estadounidense está engañando a Rusia y quiere desplegar tropas europeas en Ucrania, y que «EE. UU. es un negociador traicionero a pesar de todas las promesas de Trump».

Algunas historias difundieron distintas variantes en la narrativa, ya que o bien Trump no es realmente amigo de Rusia, o bien EE. UU. simplemente está siguiendo sus propios intereses al retirarse de las negociaciones, incluso si dicha retirada puede que fuera beneficiosa para Rusia. Un artículo en alemán de principios de abril apuntó que el enfoque del presidente Trump sobre la guerra se había vuelto «más ofensivo y militarista», mientras que un comentarista de la televisión rusa dijo que la «negativa» de Washington a participar en las negociaciones de paz «beneficiaría a Rusia».

Tales narrativas manipuladoras suelen aparecer vinculadas a hechos concretos. Muchos comentaristas pro-Kremlin comenzaron a estar resentidos con Trump después de que el presidente estadounidense asegurara reiteradamente a principios y mediados de mayo que EE. UU. «ganó» la Segunda Guerra Mundial, afirmación que contradice el revisionismo histórico oficial de Rusia exhibido en el pomposo desfile militar del Día de la Victoria, celebrado el 9 de mayo en la Plaza Roja.

De nuevo, amigos

Sin embargo, tras la llamada telefónica entre el presidente Trump y Vladimir Putin el 19 de mayo, ciertos expertos en desinformación pro-Kremlin rebajaron de nuevo el tono, mientras que otros incluso reanudaron sus elogios hacia el presidente estadounidense y destacaron una supuesta ruptura de la alianza transatlántica. Un comentarista describió la llamada como un «fracaso» para aquellos «que ya habían comenzado a regodearse antes de tiempo, anticipando una disputa entre los presidentes de la Federación Rusa y Estados Unidos».

Otro medio citó al portavoz adjunto del Consejo de la Federación Rusa, Konstantin Kosachev: «Han surgido dos bandos de negociación: el de Rusia y América trabajando por la paz en Ucrania; y otro, liderado por Ucrania y Europa, que busca continuar el conflicto». En la televisión rusa, un comentarista sostuvo que «para los belicistas europeos, eso [la llamada] significa una cosa: que ya no tendrán un asiento en la mesa de negociación».

«Belicistas europeos»

Sobre el tema de los «belicistas europeos», la retórica pro-Kremlin ha sido consistente a lo largo de estos últimos meses. Ese discurso se intensificó a medida que trataba de sacar provecho a las supuestas divisiones entre EE. UU. y Europa. En particular, los medios y comentaristas prorrusos solían presentar la guerra de Rusia contra Ucrania como una guerra subsidiaria parcial entre, por un lado, EE. UU. y Rusia, y por el otro, Ucrania, la Unión Europa y el Reino Unido.

Los ejemplos de esta narrativa son tantos y tan tediosos, que resultaría muy pesado enumerarlos todos aquí, pero se puede hacer la siguiente selección: un medio de Uzbekistán que retrata a Europa como decidida a continuar la guerra a toda costa; un artículo en armenio que pretendía hace creer que el objetivo de la UE es «acabar» con Rusia; un comentarista estadounidense de política que apareció en una sección de la televisión rusa afirmando que la UE está «obsesionada con prolongar el conflicto lo máximo posible»; y otro comentarista de un medio de Azerbaiyán que también aseguraba que «algunos círculos de Europa intentarán prolongar la guerra lo máximo posible».

Otros artículos retomaron su habitual retórica contra las élites y los globalistas, proclamando que las familias empresarias más poderosas de Europa están en contra de la paz porque quieren continuar fabricando y vendiendo armamento y que «las élites globalistas» quieren una guerra con Rusia.

No hay paz que mantener

El Kremlin estaba especialmente preocupado por distorsionar, enturbiar y manipular la propuesta europea de enviar una misión de paz a Ucrania como parte de una paz negociada. Un diplomático ruso bromeó diciendo que Rusia nunca estaría de acuerdo con que un vecino «tóxico» (Ucrania) acogiera a dicha misión. Otros la describieron como inviable y beligerante, y uno de los comentaristas se refirió a la propuesta como «completamente ilusoria y temeraria». Los esfuerzos de Moscú por evitar el despliegue de fuerzas europeas en Ucrania tradicionalmente han consistido en usar la retórica de amenazas nucleares.

Aislar a Ucrania y a la UE

En los últimos meses, se ha incrementado la retórica pro-Kremlin que retrata a Europa como el agresor y a EE. UU., en especial desde que el presidente Trump asumiera nuevamente el cargo, como un posible socio de paz, presentando el conflicto en duros términos binarios para sacar provecho de las divisiones transatlánticas y legitimar las exigencias de Rusia. Este cambio de narrativa subraya el esfuerzo estratégico propagandístico para aislar a Ucrania y a la UE mientras se busca una aparente convergencia con Washington.

Las recientes reuniones celebradas en Turquía entre las delegaciones rusa y ucraniana no alteraron directamente la narrativa ni la táctica de Moscú, puesto que los perfiles y el mandato de la delegación rusa son bastante limitados. Contar con un peso ligero como Vladimir Medinsky al frente de la delegación rusa deja claro lo poco que valoran el proceso.

No se deje engañar.

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