Exagero esto, quito importancia a lo otro y repito la mentira
Mientras algunas partes del mundo se centran en los aranceles y el comercio internacional, en la guerra de Rusia contra Ucrania hay otra serie de acontecimientos en curso. Estos también implican perspectivas de futuro y merecen algo de atención, sobre todo tras las recientes conversaciones de las últimas semanas acerca del alto el fuego temporal, que han estado acompañadas de varias advertencias.
Alto el fuego sí, pero…
Disipemos la confusión y la ambigüedad: no hubo un alto el fuego efectivo. Rusia puso muchas condiciones para acoger la propuesta apadrinada por EE. UU., que había sido aceptada por el presidente ucraniano, Zelenski. Algunas de las declaraciones de Moscú cuestionaban cuándo debería aplicarse el alto el fuego mientras que otras cuestionaban qué tipo de objetivos excluir. Hace poco, ya analizamos el viejo truco de decir: «Sí, pero…»
Ataques continuados de Rusia contra Ucrania: comunicación estratégica
Llevamos más de tres años de ataques de toda índole, perpetrados con toda clase de armas y contra todo tipo de objetivos. Sin embargo, algunos de estos ataques destacan por su especial crueldad, por las víctimas, por el momento, por los objetivos o por las armas involucradas. Áreas civiles residenciales, hospitales, escuelas, refugios, teatros, mercados, diques, centrales eléctricas, centrales nucleares, estaciones de tren… Acordémonos de Bucha, Mariúpol, Kramatorsk, Járkov, Kajovka, Odesa, Dnipró y muchos otros lugares.
Una jornada sangrienta en Krivói Rog
El pasado 4 de abril, otro día más en guerra, destacó especialmente uno de esos ataques rusos con misiles contra la ciudad ucraniana de Krivói Rog. Atacar la ciudad natal de Zelenski mientras pretendían negociar la paz fue una clara declaración estratégica, acompañada de la obstinada negación habitual de Moscú, que insistió en que «no se atacaron objetivos civiles», a pesar de que continuaban amontonándose pruebas de testigos neutrales y las imágenes de cámaras locales confirmaban que las víctimas habían sido exclusivamente civiles. Se registraron daños en nueve edificios altos, un parque infantil de una zona residencial, más de 30 vehículos, seis centros educativos y un restaurante. El número de víctimas hasta la fecha se ha elevado a 20 fallecidos y más de 70 heridos. Muchos de ellos niños, lo que añade gravedad al asunto.
Se trató de una jugada clásica del manual del Kremlin: reclamar un objetivo militar de gran valor («se alcanzó a 85 soldados, algunos de ellos oficiales extranjeros de la OTAN, y a 20 vehículos»), negar que se alcanzaron objetivos civiles («Solo atacamos emplazamientos militares», aseguró tras el ataque el portavoz del Kremlin, Peskov), y ocultar la verdad por medio de mentiras, repitiéndolas incluso en la sesión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas celebrada el 8 de abril.
Cómo mantener una conversación afable y encubrir la pesadilla de los inversores
La semana pasada fuimos testigos de los intentos de Rusia por intercambiar palabras dulces con Donald Trump y la administración estadounidense, especialmente en la esfera de las relaciones económicas. Por el momento, estas relaciones son bastante limitadas debido a los efectos combinados de anteriores sanciones por parte de EE. UU. y decisiones de Rusia de confiscar la propiedad de empresas e inversores extranjeros, algunos de ellos estadounidenses. Cada semana llegan noticias de otra fábrica o activo que ha caído en la nacionalización de facto con una indemnización muy reducida o, en muchos casos, nula. El Ministerio de Finanzas ruso informó de que cada vez son más las compañías que abandonan Rusia y ninguna está solicitando volver.
La semana pasada, en el marco de una nueva misión internacional, Putin recurrió a su banquero de inversiones reconvertido en diplomático, Kirill Dmitriev, escandalosamente famoso por ser incapaz de conseguir que la OMS aprobara la vacuna rusa contra la COVID-19, Sputnik V, debido a que no cumplía los requisitos. En esta ocasión, el Sr. Dmitriev debía vender en Washington la idea de que Rusia y EE. UU. desarrollarían grandes proyectos comunes de orden económico, tanto en recursos minerales como de otro tipo, si ambos países volvían a retomar sus relaciones habituales. Para hacer más atractivo el embuste, el Sr. Dmitriev se recorrió todos los medios estadounidenses afirmando que EE. UU había perdido 300 000 millones de dólares por haber abandonado el mercado ruso. Esos 300 000 millones son otra de las cifras sacadas de la manga. Basta con preguntar cuánto han perdido la mayoría de compañías europeas y estadounidenses en los últimos años al ser nacionalizadas, llegando incluso, en varios casos, a perder el derecho sobre su marca. No obstante, 300 000 millones suena muy bien en televisión, y el mundo parece estar acostumbrado a cálculos rebuscados que buscan impresionar y sirven para respaldar dudosas causas políticas.

También bajo nuestro radar de desinformación esta semana:
- «Alemania liderará la guerra contra Rusia»
Con la reciente iniciativa ReArm Europe para reconstruir las capacidades defensivas de Europa, la campaña del Kremlin para desprestigiarla ha adquirido mayor impulso. La desinformación se intensifica cada vez más y los titulares prorrusos sugieren que la UE simplemente está preparándose para la guerra contra Rusia, con Alemania al frente de esta cruzada. Nada de esto, por supuesto, es cierto. Otra afirmación da a entender que los líderes europeos solo están usando la rusofobia para tratar de distraer la atención de la crisis económica europea.
El presentador de televisión convertido en senador, Alexei Pushkov, dio un nuevo giro al viejo mito de una «Rusia rodeada de enemigos» al insinuar que las «élites totalitarias de Europa» están confabulando contra Rusia. Este sabelotodo disfrazado de filósofo señaló que el Estado profundo ha dejado de ser un mero fenómeno estadounidense para pasar a ser de orden mundial. «También existe a nivel internacional. Gran Bretaña, Francia y Alemania son sus ramificaciones», aseguró. Todos estos argumentos son convenientes, puesto que Putin acaba de exigir un drástico aumento de reclutas y ha iniciado planes para incrementar significativamente las fuerzas armadas rusas antes de 2030 a medida que nos acercamos al 9 de mayo (fecha que conmemora el final de la Segunda Guerra Mundial, lo que, en el contexto ruso, implica un toque de nacionalismo militarista, con el Kremlin gritando «nazi» contra todas las voces críticas).
- «Los Cinco Grandes continuarán la guerra hasta acabar con el último ciudadano ucraniano»
Otro grupo de narrativas sobre el Estado ruso y los medios pro-Kremlin está destinado a socavar los esfuerzos de la UE por promover una paz justa y duradera. Este discurso sigue sosteniendo que los países más grandes de Europa obligarán a Ucrania a seguir luchando, en contra de los deseos de la población. En realidad, Rusia es la que sigue adelante con la guerra.
El medio de televisión estatal de Rusia, Piervy Kanal, utilizó de nuevo imágenes falsas para intensificar la dimensión emocional de las pérdidas ucranianas con historias infundadas sobre la madre de un supuesto soldado ucraniano que habría escrito comentarios críticos contra el Gobierno sobre la tumba de su hijo. Como manda la tradición y la metodología, el Piervy Kanal de Rusia está repleto de mentiras sacadas de la manga, y aun así continúa contaminando la mente de millones.
- «Moldavia: EE. UU. y la UE han gastado millones de dólares para destruir los valores tradicionales»
El empeño constante de Rusia por socavar a Moldavia continúa. El país acaba de poner fin a una serie de elecciones a la presidencia y para decidir su incorporación a la UE, y ahora se prepara para las elecciones parlamentarias a finales de año. En este contexto, Moscú sigue lanzando difamaciones contra la UE y EE. UU., aprovechando de nuevo la exaltación para promover la falsa idea de que la cultura del país está siendo atacada. Otro argumento apunta erróneamente a que la democracia es una mera fachada.
No se deje engañar.